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Sandoval: “Sólo cuando escuché a Gillespie supe qué era el jazz”
Arturo Sandoval: «Lo que ahora se llama latin jazz era antes afro-cuban jazz y, como siempre, los nombres son lo de menos».
Trompetista, pianista, percusionista, compositor, director, Arturo Sandoval es uno de los representantes más importantes de la música de Cuba. Nació en Artemisa, cerca de La Habana, en 1949. Se formó en la escuela de música de su país, integró la Orquesta Cubana de Música moderna y la Orquesta Sinfónica Nacional y tocó en clubes nocturnos como el Tropicana. Pero cuando conoció el jazz a través de un amigo periodista, supo que sería parte fundamental de su vida.
«Yo empecé tocando música clásica y tradicional cubana. Pero cuando escuché a Dizzy Gillespie en 1978, todo cambió. Yo llevaba siete años haciendo música y no conocía el jazz. Desde entonces, se transformó en mi obsesión», recuerda. Así nació el que sería un grupo fundamental, en su historia y en la de su país, Irakere, junto a Paquito DRivera y Chucho Valdés. «Esa fue una etapa importante para todos nosotros, de la que guardo muy buenos recuerdos, a pesar de que no fue una época fácil en Cuba». Cuando se le pregunta por sus ex compañeros, sin embargo, dice de manera cortante que «hace tiempo que no sé de ellos», sin repregunta posible.
Periodista: Tantos años después de Irakere, ¿le sigue pareciendo apto el rótulo de «latin jazz» con que se conoció esa música?
Arturo Sandoval: En realidad, originalmente se lo llamó «afro-cuban jazz». No sé cuándo exactamente se lo empezó a llamar «latin». Pero me parece que eso de los nombres es lo de menos. Yo diría que es una música eminentemente jazzística pero con ritmos latinos, cubanos, antillanos. Alejado de Irakere, tuvo su propio grupo por una década, hasta que partió al exilio norteamericano en 1990.
P: ¿Qué lo llevó a dejar Cuba?
A.S.: Son un montón de razones, pero hay una fundamental: uno no puede hacer arte, ni música, si no se siente libre. Fue una movida necesaria, en función de lo que yo quería lograr como artista y también pensando en el bienestar de mi familia.
P.: ¿Significó pérdidas esa decisión?
A.S.: Sin dudas, porque a cualquiera le gusta vivir en su tierra. Pero en el balance, es más lo que gané que lo que perdí. De algún modo, los artistas somos ciudadanos del mundo y tenemos que vivir donde nos abren las puertas. Y Estados Unidos me brindó oportunidades que jamás hubiera tenido en Cuba.
P.: A pesar de ese amor por el jazz que ha marcado buena parte de su vida, jamás se alejó del todo de la música clásica.
A.S.: Es que tiene que ver con mi formación primera y con mis comienzos como músico. Pero, además, yo creo que la música no se divide entre clásica y popular, sino sólo entre buena y mala.
P.: ¿Cuál sería la música buena?
A.S.: No sé explicarlo del todo. Uno va aprendiendo a diferenciarla. Pero diría que es la que está bien hecha, la que tiene una buena melodía, la que tiene una lógica atractiva, la que trabaja bien con su ritmo y su armonía.
P.: ¿Su audición y sus curiosidades personales se centran fundamentalmente en el jazz y lo clásico?
A.S.: Trato de escuchar de todo. Yo vivo con y para la música y por eso es también una obligación estar al tanto de lo que está pasando. Pero la verdad es que lo que más escucho es radio, por Internet; esas emisoras que van pasando música en función del perfil que uno le va indicando.
P.: Finalmente, ¿cómo será su concierto en Buenos Aires?
A.S.: Vamos a tocar el mismo repertorio y con la misma formación -piano, saxo, contrabajo, dos percusionistas y mi trompeta- con que nos estamos presentando en todos los lugares de la gira. Será el reencuentro con la gente que me ha seguido a través de los discos y la presentación para aquellos que no me conocen. Habrá mucha percusión pero será, básicamente, el concierto de un trompetista. Y tenga por seguro que, como cada vez que me paro en el escenario, voy a dar todo lo que tengo adentro y más.
Entrevista de Ricardo Salton


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