2 de noviembre 2016 - 23:37

Sara Mesa, entre la culpa, la redención y la desobediencia

• LA ESCRITORA ESPAÑOLA VINO A PRESENTAR "CICATRIZ" Y "MALA LETRA"
En una breve visita a Buenos Aires, Sara Mesa presentó una novela que considera clásicamente epistolar, sólo que el riesgoso intercambio entre dos desconocidos es por e-mail, y un libro de cuentos que reivindican los beneficios de transgredir ciertas normas.

Mesa. “‘Cicatriz’ es una reflexión sobre la culpa donde no hay culpables”.
Mesa. “‘Cicatriz’ es una reflexión sobre la culpa donde no hay culpables”.
"Busco contar el momento en que algo se quiebra y todo cambia, el instante de la culpa o la redención, de la aceptación o la desobediencia", explica la destacada escritora española Sara Mesa que vino por primera vez a Buenos Aires para presentar su última novela, "Cicatriz", y su nuevo libro de cuentos, "Mala letra", que publicó Anagrama. Dialogamos con ella.

Periodista: Con su novela "Cicatriz", donde una mujer en un taller literario de internet se relaciona con un hombre que se hace llamar Knut Hansum, ¿buscó investigar cómo hoy se establecen relaciones perversas a distancia o plasmar una variante amorosa?

Sara Mesa: Si bien "Cicatriz" parte de un modo de comunicación actual como internet, es una clásica novela epistolar. Si bien podría pensarse como un thriller o como una historia de ciberacoso, trata de la relación que se establece entre un hombre y una mujer a través de e-mails, de un amor a distancia con todo lo que lleva de ficción y de imaginación entre dos personajes atípicos, sobre todo él. Y es una reflexión de cómo se relaciona la normalidad con la anormalidad, y los deseos de estar acompañados por obsesiones, por turbiedades. Es una reflexión sobre la culpa donde no hay culpables. Se podría pensar que él la acosa, pero ella se deja involucrar en esa tortuosa relación.

P.: ¿La soledad que impone la sociedad de consumo es lo que lleva a recuperar la novela epistolar, género muy del siglo XIX?

S.M.: Si vuelve a aparecer en distintas representaciones es porque está en nosotros la necesidad y la capacidad de fabular sobre el otro, y de disfrazarnos para el otro. Lo que pasa es que en cada época esto se lo articula de modo distinto y con medios distintos.

P.: Sonia, la narradora resulta fácilmente identificable; Knut sorprende, es "raro".

S.M.:
Sonia no es la narradora, si bien el punto de vista está en ella. Knut es la contradicción de lo que creemos que es normal. Hay montones de gente pululando por ahí que en principio nos resulta rara, pero cuando hay miles y miles de raros es que entonces no son tan raros, ésa es la normalidad también. Knut se define por varios rasgos, principalmente por el narcisismo, la necesitada de provocar atención, es obsesivo y perfeccionista. Ese perfeccionismo lo lleva al fetichismo, a estar por encima de los otros, a robar. Es un robo desde un punto supuestamente ético: no robar para conseguir objetos sino para diferenciarlo de lo comprado, y luego convertir el objeto en regalo, que impone a otra persona, a la que vuelve cómplice. Si elige como seudónimo el nombre del Premio Nobel Knut Hansum es porque, como él, pretende ser provocador, controvertido y polémico. Knut es el extravagante, el que se sale de la norma. Para él el robo es un acto contra el sistema, "robo a los que antes me robaron". Pero en la medida que, a pesar de los 700 kilómetros que los separan se ajustan perfectamente eso hace pensar sobre qué es lo normal y qué es lo anormal. A Sonia con una vida mediocre, de soledad y encierro, Knut le abre un mundo mental. Ella se siente el centro de atención de alguien irrepetible; eso impulsa su vanidad y también su curiosidad. Es el motor de arranque, luego todo eso se va resquebrajando.

P.: Las características del erotismo de esa relación se desgastan, Sonia busca la normalidad convencional, se casa, tiene un hijo, trata de escapar de una relación cada vez más opresiva que pareciera no tener límite.

S.M.:
En Kurt el amor surge de la fantasía, del lujo, de dominio. Necesita practicar su sexualidad pero rechaza a las mujeres, prefiere la idealizada, la lejana, la intocable y sometida. Sonia a lo largo de la historia se convierte en madre, busca escapar del amor platónico de una relación perversa. Todos los elementos que los rodean están emborronados porque lo que importa es la forma de ser, de actuar y de pensar de esas dos personas que se hablan y nos hablan desde la novela. Y descubrimos junto con Sonia quién es realmente Kurt, alguien que busca salir del ahogo de tanta normalidad, escapar de ese anonimato al que lo han llevado las circunstancias, siendo diferente, con una inteligencia fuera de lo normal, para quien la cultura es su forma de salir de su clase. Es un Pigmalion que fracasa, un manipulador cuya obra se le escapa porque es autónoma. La relación desaparece, pero queda la cicatriz, de allí el título de mi libro.

P.: Ahora ha vuelto al cuento con "Mala letra", género que la ha destacado.

S.M.:
En "Mala letra" reuní un conjunto de cuentos que sin buscar una unidad temática plantean historias que podríamos agrupar en el tema de la desobediencia. "Mala letra" es una reivindicación de la conducta libre, fuera de la norma. Todo parte de una anécdota que se fijó en mí por mi manera de tomar el lápiz. En el colegio me corregían permanentemente porque yo teóricamente agarraba el lápiz mal por más que escribía bien, y rápido, pero no era "la manera que está bien". Me imponían escribir "como Dios manda" y yo escribía mal. A partir de esa anécdota infantil y tonta, en mis cuentos aparece el tema de la escritura, pero no como una cosa ensimismada sino la indócil, libre. Hablo del poder y la sumisión, y cómo esas relaciones cambian. Me gusta mostrar de lado las cosas, no de frente, ver lo que no es tan notorio, capturar esos pequeños instantes de epifanía en que algo se quiebra y todo cambia.

P.: ¿Con quiénes siente relacionada su literatura?

S.M.:
Con ciertos escritores centroeuropeos, Thomas Bernhard, por ejemplo. Mi novela "Cuatro por cuatro", finalista al Premio Herralde, trata de encerradas en un internado, luego supe que "Los hermosos años del castigo", de Fleur Jaeggy, una italiana nacida en Suiza, también está ambientada en un internado, y había mundos que se comunicaban. Esas cosas son muy llamativas. También me gusta mucho Beckett, pero es inimitable, y andar por su camino es caer en una mamarrachada.

P.: ¿Ahora que escribe?

S.M.:
Una nueva novela, corta, muy ceñida en unos pocos personajes, que es algo que siento que es lo mío.

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