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Se agrava el conflicto en el Teatro Colón
• Mauricio Macri anunciaría mañana el inicio de acciones penales contra los delegados del sindicato ATE
Lejos de descomprimirse, la situación en el Colón se agrava. ATE había anunciado a fin de año que «seguramente no comenzará la temporada 2011». El Gobierno de la Ciudad querellaría ahora a representantes de ese gremio por daños y perjuicios.
En este conflictivo escenario donde ninguna de las partes ha cedido ni cede nada en los últimos meses, se vuelve cada más inicierto el inicio de la temporada 2011 ya programada y que debió haber sido anunciada en diciembre, con el inicio de la venta de los abonos. Ninguna de ambas cosas ocurrió. Según declaró públicamente el Ministro de Cultura Hernán Lombardi, el anuncio de la temporada se haría el primero de marzo, pero la sucesión de estas explosivas novedades está muy lejos de alimentar esperanzas de que eso suceda en el corto plazo.
Paradójicamente, y tal como anticipó en exclusiva este diario en «Charlas de Quincho» el último domingo, en marzo justamente se espera la visita al Colón de Plácido Domingo para un recital extraordinario, en coincidencia con los festejos de sus 70 años que cumplirá pasado mañana. De no descomprimirse la situación, Domingo llegaría en medio de una batalla campal.
Es sabido, también, que uno de los factores más decisivos para que la situación se alivie dependerá de la concreción de los reajustes salariales para el personal de planta del Colón, que (según distintas fuentes) se efectivizaría en febrero y no estaría muy lejos del porcentaje que se solicitaba en las protestas, es decir, el 40%, aunque la dilación que se produjo en el hallazgo de una salida negociada y rápida (no sólo para el tema salarial sino para otros, como la integración del representante de los trabajadores en el directorio, varias veces postergada y aún no ejecutada), a lo que se suma ahora el punto de no retorno que significan las sanciones y suspensiones aplicadas en diciembre, cambian por completo el perfil del conflicto.
El Colón, al menos hasta hoy, continúa siendo un polvorín, atizado inclusive por inesperados motivos de confrontación como la salida a escena de la empresa Patagonia Flooring, que se encargó de renovar el piso del escenario y otras salas, y que al revelar que los restos del viejo piso habían sido fragmentados y regalados como presente empresarial produjo otro pequeño maremoto. Entre otras consecuencias, la integrante del directorio del Ente Autárquico Teatro Colón Inés Urdapilleta le solicitó a García Caffi una investigación sobre el hecho y el ministro de Desarrollo Urbano Daniel Chaín (de cuya cartera dependió el plan de restauración) ordenó un sumario interno para determinar una responsabilidad que, hasta hace poco, a nadie le importaba: quién había ordenado deshacerse del piso viejo.
Sin embargo, hoy ese conflicto es accesorio al lado del más grave. Los delegados sancionados, hacia fines del año pasado, anunciaron que «ahora más que nunca no empieza la temporada 2011». Los representantes de ATE, en los últimos días de 2010, recibieron 17 telegramas de suspensión (16 a empleados escenotécnicos y uno a una delegada de la Orquesta Filarmónica), que se sumaron a los 8 trabajadores que ya se encontraban suspendidos anteriormente.
Finalmente ayer, Pedro Pablo García Caffi envió una carta a los abonados del Colón, donde entre otras cosas expresa que «desde hace décadas la imagen del Teatro Colón se ha visto, en distintas oportunidades, afectada por el incumplimiento, la imprevisibilidad y la indisciplina. Signo de esa debacle que ha ido socavando sistemáticamente a la institución es, en primer lugar, el menosprecio y la falta de compromiso para con el público, conducta que demuestra el nivel de deterioro al que se ha llegado y el grave perjuicio económico que implica suspender funciones hace que los abusos de la mala política gremial sean injustamente pagados por el contribuyente porteño».
La carta continúa expresando: «con este pertinaz daño (del cual es responsable una mal intencionada minoría de trabajadores y dirigentes gremiales) se ha perdido toda cordura, orden y respeto al lugar de trabajo, se ha destruido la mística del arte y se han dilapidado no sólo esfuerzos, talento y recursos, sino también el prestigio de nuestro más emblemático icono cultural», y más adelante: «con negociaciones de emergencia (bajo amenaza de asambleas y toma de escenario a último momento, cancelaciones con público sentado a sala llena, etc.), continuaremos invariablemente sometidos a la presión y al riesgo de sufrir salvajes boicots, sumando desgaste y episodios tan amargos como los mencionados, siempre empantanados en la irracionalidad, la obstrucción, la crisis y el conflicto».


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