2 de julio 2012 - 00:00

Se lució con Brahms la Orquesta Estable del Teatro Argentino

Orquesta Estable del Teatro Argentino (director invitado: S. Viegas). Obras de O. Golijov, H. Villa Lobos y J. Brahms (Teatro Argentino de La Plata, 30 de junio).

Bajo la firme y dúctil dirección del brasileño Silvio Viegas la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata tuvo el sábado un muy buen desempeño en el tercer concierto de su Ciclo Anual, que brinda la oportunidad de apreciar en detalle el rendimiento y las posibilidades de este organismo.

En el comienzo, la formación estuvo desplegada en cellos y contrabajos flanqueados por violines y violas en dos grupos enfrentados, como corresponde al concepto de «Last round» (la obra del platense Osvaldo Golijov).

Definida por el autor como un «tango sublimado», e inspirada en un texto del libro homónimo de Cortázar, la partitura basa primordialmente su eficacia en efectos -especialmente la alternancia de los grupos-, lo que requiere un meticuloso trabajo de engranaje de las partes. Por más que el resultado general fue bueno, no se escuchó óptimo en este aspecto, y algo parecido sucedió con la «Bachiana brasilera n° 7» de Villa Lobos que le siguió: el buen rendimiento individual de las secciones pareció deslucido por la aspereza de algunas sonoridades y una precisión rítmica no siempre lograda. Sin embargo la fuerza de esta obra de difícil realización desplegó por momentos toda su belleza, en especial en el imponente crescendo final.

Como si la mayor energía y cuidado (y tal vez tiempo de ensayo) hubieran sido reservados para el plato fuerte del programa, en la «Sinfonía en Re mayor número 2» de Johannes Brahms la labor conjunta de la Estable y Viegas mostró en esta segunda parte una madurez muy superior. Tanto en el cuidado de la sonoridad general como en el fraseo de líneas individuales (con excelentes solos de flauta, oboe y corno), en la tersa expresividad de las cuerdas, la transparencia de las maderas y la contundencia de los metales, la soberbia y genial arquitectura de Brahms tuvo un marco sólido, con un vuelo especialmente sublime en el «Allegretto grazioso».

Dejá tu comentario