26 de agosto 2011 - 00:00

¿Se termina economía del bienestar?

Nos guste o no, los mercados no se mueven porque sí. Olvidémonos de los métodos de valuación, las estimaciones de ganancias corporativas, las proyecciones de ventas y el ruido en general: se trata todo al final de la economía.

Pero ¿cuál es la raíz de la palabra economía? Viene de las palabras griegas «oikos-nomos» que se traducen como «administración del hogar».

Una definición alternativa podría ser ciencia social que estudia el comportamiento humano en torno a la gestión eficiente de recursos limitados. ¿Por qué la palabra limitado es relevante? Porque si los recursos fueran ilimitados, no necesitaríamos estudiar cómo usarlos de manera eficiente.

Lo importante es que se trata de una ciencia social. Es decir, estudia el comportamiento humano y trata de crear modelos que permitan entender y a veces predecir cómo la sociedad va a reaccionar a diferentes estímulos.

Reacciones

En términos generales, la mayoría va a reaccionar de manera más o menos predecible frente a determinadas situaciones: si el precio de la carne aumenta de manera importante, probablemente trataríamos de comer menos carne, o lo cambiaríamos por pollo o pescado.

Tal vez si estuviéramos tentados de comer carne en la misma cantidad, podríamos reducir el gasto en otros ítems o podríamos hasta decidir tomar un segundo trabajo para poder continuar comiendo la misma cantidad de carne sin reducir nuestro gasto en otros productos; también podríamos decidir endeudarnos.

Pero ¿qué pasaría si de pronto supiésemos que nos podemos dar el lujo de ser ineficientes e incluso trabajar menos porque tenemos la capacidad de imprimir el dinero que gastamos u obtener montos ilimitados de deuda? ¿Cuál sería nuestro incentivo de cuidar bien nuestro ingreso o incluso trabajar más?

No necesitamos una nueva teoría económica para responder que no tendríamos ningún incentivo para ello.

En realidad, los gobiernos y los ciudadanos de los países del mundo desarrollado se han acostumbrado con décadas a usar un sistema vía políticas fiscales y monetarias (que los llevaron a gestar un monto de deuda desproporcionado) y que generó un estilo de vida artificialmente rico.

Final

Desafortunadamente, parece que no hay camino para «engañar» a los principios del libre mercado y por lo tanto parece que estamos prontos a ver el final del bienestar de nuestras economías basadas en un endeudamiento fuera de proporción. Un endeudamiento no sólo de los gobiernos, también de los privados.

Tendremos que encontrar una manera de volver a ser una economía eficiente, y no será gratis, será con un costo muy importante. Más temprano que tarde todo se paga.

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