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Será histórico, pero es atroz

Un crítico literario francés propuso a los editores que este libro llevara una faja que dijera: «espíritus sensibles abstenerse». La verdad es que, de no haber sido un hecho histórico, se podría pensar que Jean Teulé, que pasó del cine y el comic a la literatura, y viene publicando exitosas historias sensacionalistas, ofrecía esta vez el guión de una película gore, de esas donde hay un estallido sangriento que lo inunda todo y conmueve a la platea. Y en este nuevo libro (viene publicando a razón de uno por año) cuenta la historia real de un muchacho inocente que es linchado y devorado por una muchedumbre delirante que se deja llevar por sospechas absolutamente estúpidas, en un acto de histeria colectiva que es considerado uno de los hechos más vergonzosos de la historia de Francia en el siglo XIX.
El martes 16 de agosto de 1870. Alain de Monéys, salió de Perigord, de la casa de sus padres, para ir a la feria que se hacía en un pueblo vecino. Alain es amable, inteligente y generoso, le va a comprar cosas para su familia y una vaquita a una vecina pobre, y material para cubrir el techo de un vecino sin recursos. A las dos de la tarde llega a la feria. La gente está mal en ese pueblo de campesinos. Se vive una gran sequía, y se habla todo el tiempo de que se viene la guerra con Prusia. Unas palabras mal entendidas hacen que se crea que Alain está a favor de los prusianos, de los germanos, de los odiados alemanes, y que, por lo tanto, es un espía. Apenas dos horas más tarde, la multitud enloquecida lo lincha, lo tortura, lo destripa, lo quema y se lo come (el título original del libro es «Cómalo, si usted quiere»).
Los caníbales son gente buena, sin antecedentes judiciales. Se trata una vez más la perversa banalidad del mal. El regreso incentivado «vaya a saberse por qué» al bestialismo. La necesidad sacrifial de encontrar un chivo expiatorio para detener angustias basadas en habladurías. Como supo decir Jünger en sus diarios es la muchedumbre que se mimetiza en una oleada destructiva sin detenerse ante nada. Es por eso que cuando detienen y llevan a juicio a 20 de las 600 personas involucradas en esa atrocidad, lo que balbucean como explicación es: «yo no se qué me pasó» o «no puedo entender qué me sucedió». Ni siquiera pueden justificarse ya sosteniendo que la víctima dijo una frase contra la patria. Hay en ese suceso ecos metafóricos que dan claves sobre demasiadas atrocidades semejantes, hechos que han llevado a sostener que «nadie está al abrigo de lo abominable» y que un grupo entregado a una locura común «no tiene límites en llegar a lo peor».
Teulé cuenta la historia en 20 secuencias que se centran en los escenarios del recorrido del drama, las diversas etapas que llevan al crimen y el intento de engañosa expiación judicial. Si bien no deja de mostrar que ni el cura ni los amigos de Alain logran salvarlo o detallar imágenes asqueantes de mujeres repartiendo bocados de Alain a sus hijos, logra cada tanto poner una nota de humor (obviamente negro) o, en un caso de sexo, a través de Anna, esa chica enamorada, que se ofrenda intentando salvarlo.
M.S.


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