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Shlomo Mintz: “Promover la música es mejorar el mundo”
Shlomo Mintz: «Advierto en Sudamérica mucho amor por el violín, pero todavía no organizado. De allí la importancia de los concursos y festivales».
Periodista.: ¿Qué importancia tiene para usted presidir el jurado de este Concurso?
Shlomo Mintz: Pienso que mi misión en la vida es la promoción de la música, especialmente del violín, porque creo que en teoría si hay más violinistas habrá menos militares. Es una idea un poco general y exagerada, naturalmente, pero detrás de eso hay un pensamiento: encontrar la felicidad de la gente en un momento difícil a nivel mundial. Por eso siempre busco talentos y continúo con la promoción del violín, y su talento, pero es necesario también saber qué es lo que se interpreta. No es fácil: hay que tener una gran autoridad, además de técnica, hay que tener un pensamiento detrás. Éste es el primer certamen serio en América Latina, y pienso que vale la pena seguir buscando talentos locales, argentinos o no, sudamericanos, y no sólo busco hacer concursos: busco crear festivales de música y cultura alrededor del violín, porque creo que todavía hay mucho por hacer aquí. Hay mucho amor por el instrumento pero no está todavía organizado, espero que con este concurso y los otros proyectos que vamos a desplegar en Sudamérica organicemos un buen grupo de jóvenes talentos que puedan continuar con la tradición y enriquecer al público.
P.: ¿Qué saldo dejó la primera edición del certamen, en 2010?
S. M.: Un primer concurso siempre es como un bebé que acaba de nacer, hay que buscar y corregir rápido. A grosso modo creo que anduvo muy bien. Fue una marca importante, que continuaremos con el segundo, tercero, décimo o vigésimo, ¿por qué no? Eso crearía una autentica tradición y será algo que el público esperará y amará. Y pienso que en un momento difícil en lo económico para todos los países del mundo hay que saber que la mejor carta de presentación para un país es un proyecto o una institución cultural; sin eso no habrá buena negociación. Hay que saber ver la importancia de la cultura también en los negocios, en ese momento se tiene necesidad de la comunidad de finanzas de mirar las cosas con nosotros sobre este tema y ayudarnos, en la medida de lo posible, realizando esta relación entre la economía y la cultura.
P.: ¿Qué es lo que más le conviene a un músico joven?
S. M.: No ser egoísta; es muy fácil serlo porque tenemos muchísimos egoístas en el mundo. Tal vez egoísmo es una palabra un poco fuerte. Hay que tener un motor muy poderoso para llegar a cierto estado. Pero sobre todo la responsabilidad social que el violín tiene que tener, haciendo la promoción y brindando buenas emociones a la gente que de otra manera tendría una vida difícil. Todos los habitantes del mundo tienen dos orejas, sean negros o blancos, y la entrega que uno tenga y la responsabilidad social son lo más importante.
P.: Después de 50 años en escena, ¿qué siente que le queda por hacer?
S.M.: Todos los días hay cosas que uno quisiera seguir haciendo, cosas iguales pero también cosas distintas, repertorios, proyectos y responsabilidades diferentes. Hay que saber concentrarse en algunas cosas por sobre otras, pero la voluntad siempre es grande, es normal que uno quiera continuar. Si mis amigos no se dieron cuenta de que tengo 50 años de carrera, no tengo por qué darme cuenta yo, porque siempre tengo proyectos apasionantes. La pasión por la música no es una profesión, es una forma de vida.
P.: ¿Su actitud frente a la música cambió desde aquellos comienzos?
S. M.: Sí, la personalidad es más madura, las reflexiones son diferentes. Es como la madurez de un vino, hay que esperar, cambiar, y también sufrir para comprender algunas cosas, es una parte inseparable de la vida.
P.: ¿Y con respecto a la disciplina y la técnica?
S. M.: Depende de cada uno. Hay colegas que trabajan más o menos con el paso de los años. En mi caso nunca dejé de trabajar, nunca fue un problema, como ya dije es una forma de vida, me levanto y me pongo a trabajar.
P.: ¿Qué significación tienen para usted los Caprichos de Paganini?
S. M.: Hay dos cosas interesantes al respecto. Una es que él escribió de puño y letra que estaban dedicados a los artistas, no son ejercicios. Y la segunda es que nunca tocó todos en público, al menos no hay registros de que lo haya hecho en algún momento y lugar. Alguien que intenta escribir caprichos comprende qué calidad y nivel de compromiso es necesario, habitualmente se dice «Ah, son muy difíciles», y eso todo, pero cuando uno intenta a escribir algo así comprende lo difícil que es y el éxito que tuvo en dejar este legado a las generaciones futuras. Hay versiones, controversias, concepciones diferentes en la interpretación, pero estos dos hechos son interesantes.
P.: Usted tuvo el privilegio de tocar Paganini en el famoso violín que le perteneció, el llamado «Cannone». ¿Esa experiencia cambió su forma de interpretar la música de este compositor?
S. M.: Para nada, porque es un gran violín, pero no sólo como medida de calidad sino como medida real. No es fácil tocar Paganini en este violín. Fue la única vez en mi vida en la que sentí que estaba sobre un caballo negro que me rehuía todo el tiempo. Habitualmente soy el amo de todos los caballos, pero ese era realmente especial, y rehuyó a todos los demás violinistas que intentaron tocarlo después de Paganini, no sólo a mí. Tuvo un solo accidente: Paganini lo dejó sobre la cama y su hijo lo rompió, pero al margen de eso es un Guarnerius perfecto. Un instrumento místico, misterioso.
P.: Tal vez ese violín todavía espera a su antiguo amo.
S. M.: Nunca se sabe.
Entrevista de Margarita Pollini


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