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Sin potencia
Mario Bolatti y Guillermo Marino luchan por la pelota. Huracán y Boca aburrieron en un partido donde casi no hubo situaciones de gol.
El Huracán de Rivoira es más luchador que el de Cappa, pero juega hasta el borde del área y muy pocas veces se atreve a rematar al arco de afuera (porque adentro, entre la lentitud de Rodrigo Díaz y la indecisión del reaparecido Leandro Benegas prácticamente no entra) y Boca padece de «palermitis», una rara enfermedad, que tiene como eje al legendario goleador que ahora erra los más fáciles y también los más difíciles.
Por eso, el empate sin goles fue una consecuencia de lo que pasó en la cancha. Buenas intenciones, pero malas ejecuciones.
Boca tuvo un picante Gaitán, que jugó casi de puntero izquierdo y un buen trabajo de Ibarra en ataque, pero nunca terminó una jugada y Huracán no tuvo ni «tiki-tiki» ni «punch». Fue un equipo híbrido, que desperdició su única oportunidad de ganar el partido cuando Abbondanzieri le tapó un mano a mano a Benegas. Los dos quieren que el torneo termine ya.


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