21 de octubre 2009 - 00:00

Sobre zombis, con otras pretensiones

Sobre zombis, con otras pretensiones
Max Brooks, «Guerra Mundial Z. Una historia oral de la guerra zombi» (Córdoba, España, Almuzara, 2009, 457 págs.) 

El género de terror ha cosechado en los últimos años un conjunto de best sellers, con Stephen King como su extraordinaria figura emblemática y la saga romántica de vampiros de Stephenie Meyer («Crepúsculo», «Luna Nueva», «Eclipse» y «Amanecer») como el fenómeno más reciente. Junto a los nuevos vampiros, descendientes de estirpe cada vez menos nobilaria del famoso conde inventado por Bram Stocker, están los hombres lobo, los extraterrestres amistosos o dañinos, los humanos con poderes parapsicológicos y los «no muertos» que van desde los seres fantasmales a los más sorprendentes zombis, a esos muertos vivos que surgen sin ritual mágico con ánimo destructor y que hace cuarenta años puso de moda el director George Romero, y tuvo su momento de jolgorio con el videoclip «Thriller» de Michael Jackson.

Si la mayoría de esos personajes pasaron de la literatura al cine, en el caso de los muertos vivos, si bien puede encontrarse su antecedente en el mito de la momia y los misterios del vudú, pasaron del cine a la literatura popular, como lo confirman las dos novelas que le dedicó a ese género Max Brooks: «Zombi, guía de supervivencia» y «Guerra mundial Zombi». Acaso partiendo de la fórmula que ha utilizado su padre en muchas de sus películas, el guionista de televisión Max Brooks, hijo de Mel Brooks y Anne Brancoft, utilizó en su primera novela gore la forma de un «manual de supervivencia para situaciones extremas», y en éste (se pueden leer sinproblemas por separado) es un texto que busca documentar a través del testimonio de los supervientes como fue la guerra contra la epidemia de zombis que se inició en China en 2010, es decir que hasta el año que viene será una novela de ciencia ficción, para después pasar a perder cualquier potencial verosimilitud.

El mecanismo utilizado, la entrevista periodística breve en los más diversos lugares del mundo, da un especial dinamismo al relato que abarca del médico chino que atendió al primer contaminado, el primer muerto vivo de la serie, la expansión de la epidemia, la situación mundial fuera de control, la creación de zonas seguras, la ofensiva, la recuperación de los territorios y el fin de la guerra con la erradicación de los zombies en China. Así como en la seminal película de Romero se podía ver una crítica a la guerra de Vietnam y a la segregación racial, en el libro de Max Brooks se puede sospechar los temores por el auge económico de China, el conflicto Israel- Palestina, la fantasías conspirativas mundiales, de la que como en las películas de Hollywood (este libro está a punto de convertirse en una película producida por Brad Pitt) donde los Estados Unidos saben reiterar una vez más el «Día de la independencia» para ellos y para el mundo libre.

El problema que enfrenta el lector, salvo que sea un joven adicto al género, es la verosimilitud. Con un poco de sentido común, el relato no supera el primer combate, la batalla de Yonkers en las afueras de Nueva York, porque son demasiadas las tonterías que allí ocurren.

S.H.M.

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