2 de marzo 2009 - 00:00

Sobrio show en la calle por “merma” y horarios

Colectivos en la 9 de Julio y los pingüinos inflables en la Plaza del Congreso no alcanzaron para armar ambiente de fiesta a la salida de la Asamblea Legislativa.
Colectivos en la 9 de Julio y los pingüinos inflables en la Plaza del Congreso no alcanzaron para armar ambiente de fiesta a la salida de la Asamblea Legislativa.
Sin el despliegue de otros actos, el kirchnerismo volvió ayer a poner a su «tropa» en la calle para acompañar el mensaje de Cristina de Kirchner ante el Congreso. La receta fue la de siempre: gremios «amigos», caciques del conurbano y piqueteros K.
En la primera concentración con pretensiones de masividad tras la serie de actos durante el conflicto con el campo, las tres espadas K para las movilizaciones se reactivaron ayer, pero no alcanzaron, sin embargo, para garantizar una foto de plaza llena.
Hubo, entre otras, una razón operativa. El horario en que la Presidente arribaría al Congreso fue modificado en tres ocasiones, por pedido de la Casa Rosada, hasta que se resolvió que la mandataria llegaría al Palacio Legislativo a las 11 de la mañana.
La elección de la hora perjudicó la movilización que se había programado para las 12. Es más: intendentes, sindicalistas y jefes piqueteros habían pedido que el discurso comenzase exactamente al mediodía para facilitar la llegada de las columnas.
Expertos en actos, desde la CGT y los grupos piqueteros, se avisó a la Casa Rosada que el inicio más temprano del discurso complicaría la concentración. Y así fue. Más de un tercio de las columnas llegó a la Plaza del Congreso cuando el discurso presidencial había terminado.
Otro tanto, entre las que se contaban las más numerosas, arribaron mientras Cristina de Kirchner promediaba su mensaje al Congreso. Pocos, sobre todo las columnas aportadas por intendentes del conurbano, estuvieron en su sitio antes de las 11 de la mañana.
Poco para lo que imaginó el Gobierno: algo más de 2.000 personas se amontonaban contra las vallas cuando llegó, a esa hora, Cristina de Kirchner. Cuando se retiró, una hora y media después, la concurrencia era mayor. La organización creyó ver 12 mil personas.
La confusión horaria no alcanza, sin embargo, para explicar del todo la baja en la asistencia. El clima adverso que instalaron los traspiés y las fugas que sufrió el kirchnerismo en las últimas semanas tuvieron, además, su efecto negativo sobre la movilización.
Movilización difícil
El elemento más palpable fue que, en general, las columnas de los intendentes fueron reducidas. Se dijo que se trató de una decisión premeditada para «no abusar del aparato». En confianza, alcaldes y punteros admiten otra cosa: cada vez es más difícil movilizar.
Otra mirada sobre el mismo fenómeno es que las columnas más numerosas fueron las que tienen referentes fuertes y autónomos, a pesar de que ahora sean aliados del Gobierno. El caso testigo es el de Camioneros: Hugo Moyano aportó un grupo nutrido, pero eso es un mérito del camionero, no de Cristina.
Es diferente lo de los piqueteros. Tanto el nuevo bloque que comanda Luis D'Elía, más el expansivo Militancia Social que tiene como jefa espiritual a Alicia Kirchner y La Cámpora, esa abstracción que agrupa a grupos dispersos, tuvieron presencia numerosa.
Lo mismo, siempre activo en los tumultos, ocurrió con el Movimiento Evita de Emilio Pérsico y el Frente Transversal de Edgardo Depetri.
Lo demás fue lo de siempre: entre los intendentes se vio a Julio Pereyra (Varela), Jorge Rossi (Lomas de Zamora), Hugo Curto (Tres de Febrero), Alejandro Granados (Ezeiza), Raúl Othacehé (Merlo), Juan José Mussi (Berazategui) y, entre otros, Daniel Di Sabatino (Presidente Perón).
Por los gremios aportaron los bancarios, Curtidores, UOCRA, UOM y Judiciales. El cotillón, menos efusivo que en otros actos, repitió el rito de los pingüinos inflables, las pancartas y los carteles identificatorios de cada grupo.

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