17 de noviembre 2009 - 00:00

Sólido “I Puritani” con una puesta imaginativa

La puesta de Marcelo Perusso, en la cual los personajes atraviesan los espejos, recuerda al «Orfeo» de Jean Cocteau.
La puesta de Marcelo Perusso, en la cual los personajes atraviesan los espejos, recuerda al «Orfeo» de Jean Cocteau.
«I Puritani». Opera en tres actos. Mús.: V. Bellini. Lib.: C. Pepoli. Dir. mus.: G. Brizzio. Régie, esc. y vest.: M. Perusso. Luces: R. Conde. Coro BAL: J. Casasbellas. (Teatro Avenida). Próx. Funciones 17, 19 y 21/11.

Buenos Aires Lírica cerró su temporada 2009 con una nueva producción de «I Puritani». Opera difícil no sólo por las extremas exigencias vocales a que somete a sus protagonistas sino también porque hay que lidiar con un argumento imposible del conde Carlo Pepoli, en el que la protagonista femenina, la angelical Elvira, se vuelve loca de buenas a primeras, cuando se entera de que su novio se fue con otra. Hacia el final de la ópera, Elvira recupera la razón, y llega el «happy end».

Disparatada historia ambientada en el siglo XVII, durante las luchas entre los partidarios de Cromwell, los puritanos y los Estuardo, de escaso valor literario, se enriqueció con la partitura de Vincenzo Bellini, pletórica de bellas melodías y entramados vocales de enorme virtuosismo, típicos del estilo bel cantista del que Bellini es uno de los referentes máximos.

En la presente versión, Marcelo Perusso propone una ambientación que responde a la época, preferentemente en blanco, negro y grises y con paneles espejados que le dan un cierto ritmo al movimiento escénico. Los personajes entran y salen a través de los espejos (como en el «Orfeo», de Cocteau) o aparecen detrás de transparencias que insinúan un tejido que se asemeja al sueño y la vigilia, de cuño borgeano. Personajes fantásticos generan escenas alegóricas proporcionándole interés al asunto. No todo es bello ni lógico, pero suma para hacer de «I Puritani» una obra digerible.

Con Juan Casasbellas el coro siempre canta bien y se entrega al juego escénico con evidente placer. Guillermo Brizzio aportó una conducción profesional. Los memoriosos no podremos olvidar nunca las históricas representaciones de esta obra belcantista en el Colón (1972) con dos cumbres vocales como Cristina Deutekom y Alfredo Kraus. Esto no impide admirar hoy la temeridad y el arrojo de Laura Rizzo y Carlos Ullán (esforzados en desgranar coloraturas y sobreagudos). También habrá que elogiar el trabajo de Omar Carrión, Christián Peregrino, Walter Schwarz, Vanesa Tomás y Gustavo De Gennaro en el resto de las personificaciones. Ensamblados dieron lo mejor de sí para revivir una verdadera pieza de museo. Para esta época de vacas flacas en ópera, no parece poco.

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