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Sólo las voces se salvan del naufragio
Uno de los peores cuadros de «Desconcierto en Hollywood», un intento de parodiar clásicos del cine con pobres recursos, en el que destacan las voces de los cantantes, especialmente Lula Rosenthal, que también actúa bien.
En una línea que ya había iniciado con «Desconcierto en musicales», el actor y cantante Rubén Roberts se unió a Carlos González para dar forma a este nuevo proyecto. La idea es más o menos sencilla: tomar algunas escenas centrales de películas muy famosas del cine norteamericano («Cantando bajo la lluvia», «Danza con lobos», «El exorcista», «Casablanca», «Titanic», «Thelma y Louise», etc.), parodiarlas y explotarlas desde el humor en sus lados más oscuros o ridículos. Para concretar el asunto, convocó a un elenco de actores/cantantes encabezados por Mariana Jaccazio y Jorge Priano y se valió de algunos recursos escenográficos, de vestuario y de imágenes.
La idea es buena en sí, pero sólo a ratos logra arrancar una sonrisa genuina en el público. La mayor virtud del espectáculo está en las voces de los intérpretes (no siempre, de igual modo, en su trabajo actoral). Tanto las tres figuras centrales -Roberts, Jaccazio y Priano- como varias de las que completan el grupo tienen recursos sobrados en ese sentido y los hacen valer. Los problemas aparecen en los textos y en las canciones, que son de una creatividad de escaso vuelo y en muchos casos convocan a la piedad más que a la risa. A eso se agrega una pobreza de recursos que deja ver demasiadas hilachas: la escena del iceberg de papel pegoteado del «Titanic», por caso, y aunque se quisiera llevar todo al absurdo, no resiste la crítica en una ciudad donde el se ven puestas de enorme jerarquía. Y para cerrar ese círculo, la pista musical arreglada e interpretada -con demasiadas máquinas- por el co-autor González deja también mucho que desear.
Hay un único momento en que esta propuesta alcanza un pico interesante: el cuadro que comparten Priano y Lula Rosenthal (la mejor de todo el elenco) para burlarse de «Lo que el viento se llevó». En ese caso, sí confluyen la canción, la puesta y las interpretaciones para entregar un aire fresco del que carece casi todo lo demás.


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