Sólo una engañosa comedia romántica

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«Los estafadores» (The Brothers Bloom, EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: R. Johnson. Int.: R. Weisz, A. Brody, M. Ruffalo, R. Kikuchi, R. Coltrane, M. Schell.

El prólogo de esta película promete algo así como la gran historia de estafadores, al punto que el espectador podría pensar que está en presencia de un film de engaños criminales capaz de competir con «Luna de papel» o «9 reinas».

Pero el único engaño es pensar que éste es un policial de estafadores, ya que en realidad se trata de una comedia romántica con más pretensiones que verdadera gracia, y muy poco que ofrecer en cuanto al supuesto tema principal.

Una pena porque el director Rian Jonhson contó con un buen elenco, hermosas locaciones europeas -por ejemplo, Montenegro y Praga- e incluso cada tanto muestra mucha imaginación en todo lo que tenga que ver con la estética y el estilo. Lamentablemente en algún momento se convenció de que hacer cine de autor es repetir la música de algún clásico de Fellini, mientras estira giros obvios del guión bastante más allá de los razonable, incluyendo más de media docena de amagues de desenlace que no ayudan para nada al ritmo de los ya de por sí estirados 114 minutos de duración.

Adrien Brody y Mark Ruffalo son los dos hermanos huérfanos que desde su más tierna infancia, por puro rencor antisocial, se dedican a estafar a los niños ricos con los que no pueden jugar. Ya adultos, deambulan por Europa inventando timos que intentan elevar el cuento del tío a la categoría de novela existencialista, con uno de los hermanos (Ruffalo) escribiendo el engaño y dirigiendo se puesta en escena, mientras el otro (Brody) es el intérprete, por lo que en un punto de su carrera delictiva sufre el trauma de vivir simulando ser personas imaginarias.

Cuando toman como víctima a una excéntrica y bella millonaria (una encantadora Rachel Weisz que casi es lo mejor del film), el amor aparecerá en la vida del simulador conflictuado, con los previsibles enredos y la esperable redención.

Lo más decepcionante de «Los estafadores» es la permanente sensación de que podría mejorar en cualquier momento, gracias a buenos detalles desperdigados entre escena y escena, generalmente relacionados con lo imaginativo de las imágenes, el uso intensivo de la cámara lenta y, sobre todo, las breves intervenciones de excelentes actores secundarios como Robbie Coltrane y Maximilian Schell. También ayuda la participación de Rinku kikuchi interpretando a la cómplice experta en pirotecnia, personaje que prácticamente no habla en todo el film, aunque por lo menos canta y baila en algunas de las escenas más simpáticas de este pequeño engaño.

D.C.

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