- ámbito
- Edición Impresa
Sonia Possetti quiebra las rutinas tangueras

Sonia Possetti fue parte de un dúo con el violinista Damián Bolotín y estuvo al frente de un quinteto de fuerte herencia piazzolleana. Pero a fuerza de rigor, de búsqueda, de voluntad de cambio parece estar encontrando un lugar distinto para la música del Río de la Plata. El tango no las tiene todas consigo, pese a lo que imagine cierto marketing de poco fundamento. Y uno de sus mayores problemas es la crisis de creación por la que atraviesa, que hace que cientos de intérpretes se conformen con recrear, con mayor o menor cercanía, los estilos y los «yeites» de las grandes figuras del género, desde la Guardia Vieja hasta las renovaciones de Piazzolla. De modo que este nuevo trabajo de la compositora y pianista es un buen augurio de por dónde puede caminar la música de Buenos Aires si quiere romper con ese «museísmo» que lo transformó en estatua nombrándolo patrimonio de la humanidad.
Possetti parte del tango y su impronta rítmica siempre está sosteniendo de algún modo la estructura. La formación de sexteto incluye un trombón (Pablo Fenoglio), por cierto, un instrumento exótico para el género, y se completa con violín (Bolotín), bandoneón (Víctor Vilena), contrabajo (Adriana González) y vibráfono y percusión (Gonzalo Pérez). Se agregan ilustres invitados: Leopoldo Federico, Juan Cruz de Urquiza y Mariano Cantero. Y los lenguajes juegan sobre los elementos más tradicionalmente tangueros, con atrevimientos tímbricos y tonales que rompen con lo más conocido.
R.S.


Dejá tu comentario