17 de junio 2010 - 00:00

Sorprende Caetano con una veta de ternura

«Francia» es una agradable comedia de la vida familiar vista con los ojos de una niña (Milagros Caetano, un deleite) con una madre endurecida (Natalia Oreiro) y un padre que vuelve al redil (Lautaro Delgado).
«Francia» es una agradable comedia de la vida familiar vista con los ojos de una niña (Milagros Caetano, un deleite) con una madre endurecida (Natalia Oreiro) y un padre que vuelve al redil (Lautaro Delgado).
«Francia» (Argentina, 2009, habl. en español). Guión y dir.: A. Caetano. Int.: N. OreiM. Caetano, L. Delgado, M. Ayos, D. Valenzuela, V. Urtizberea, L. Berthet, R. Gracia, A. Lecuona, F. Mauas, S. Pampin. 

Adrián Caetano se debía a sí mismo esta película, para soltar la ternura que evidentemente tiene aunque se haya hecho un nombre con obras de otro estilo. Ahora se abre no sólo a su público de «Tumberos» y «Un oso rojo», sino también al que simplemente quiere distenderse un poco riéndose de sus propios problemas. Porque «Francia» pinta los problemas de cualquier familia actual, pero de modo amable, uniendo la realidad con la fantasía y el aguante. Padres que se la bancan, aunque las cosas no les hayan salido como soñaban, y una nena que disfruta los cuentos, aunque los padres no le hayan salido como en las propagandas. Hablamos de padres jóvenes, de secundaria completa, sin plata. Él se las arregla de tornero en un trabajo flojo, ella trabaja de doméstica. Son separados, pero por razones económicas él ha vuelto a casa. Ahora vive en la piecita de arriba, cosa que la nena disfruta como si al fin tuviera la familia completa como corresponde. Total, cuando ellos discuten ella se enchufa los auriculares y se divierte con sus cosas. No le gusta el nombre que le pusieron, no importa, se pone otro. No le gustan sus maestras, bueno, les lleva la contra.

Las maestras son las malas de la película. Chicas jóvenes, que no atienden debidamente a sus alumnos, y la van de progres. También los patrones clase media de la mamá la van de progres. Una escena de sonido algo expresionista evidencia su real mezquindad de corazón. En cambio, el psicólogo de hospital público que el padre debe consultar es simplemente un tiro al aire. Engalana su consultorio con los retratos de Freud y Perón (un solo corazón). Y hace sesiones de grupo con los integrantes de una comisaría, una situación digna de ocurrir en Argentina.

Dos miradas dominan el relato. La de la madre que debe lucharla diariamente, y ponerse antipática para que el hombre y la hija se comporten, y la mirada de la hija, que tiene la cabecita llena de colores, y a veces tiñe la pantalla con una estética de pop infantil, pero no el infradotado e hiperkinético de los teleprogramas reducidores de cabezas. Ella ve bien la realidad. Y sabe que es de las que nunca conocerán Francia, como dice de pronto un verso en la pantalla. Pero quizá conozca el día en que vaya a otra escuela de la mano de papá y mamá, y eso la hace feliz. Y la película misma tendrá un final feliz. Provisoriamente feliz, vale aclarar.

En síntesis, una obra que parece livianita, casi como una serie de apuntes de la vida cotidiana, no mucho más, pero que, así aparentemente livianita, dice unas cuantas cosas y termina emocionando. Caetano se debía esta película, que además hace lucir a Natalia Oreiro como verdadera actriz todoterreno, que se luce sobre todo en dos escenas, una de parto y otra de embriaguez. Lautaro Delgado, Mónica Ayos, Daniel Valenzuela, completan debidamente el elenco. Pero el hallazgo es Milagros Caetano, con su carita de ser capaz de sortear todas las trampas de la vida. Hija del director, participó también con varias ideas para el guión. Sobre todo con una que el padre supo escuchar: «Nada de cosas feas».

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