23 de noviembre 2010 - 00:00

Spregelburd: el muro de al lado

Rafael Spregelburd: su protagónico en «El hombre de al lado» le dio popularidad. Ahora fue convocado para dirigir una pieza suya en cine.
Rafael Spregelburd: su protagónico en «El hombre de al lado» le dio popularidad. Ahora fue convocado para dirigir una pieza suya en cine.
El cine viene ocupando un lugar cada vez más importante en la carrera del dramaturgo, actor y director teatral Rafael Spregelburd. Ya actuó en varias películas y acaba de rodar «Las mujeres llegan tarde» (opera prima de Marcela Balza, inspirada en «El malentendido» de Albert Camus) junto a Erica Rivas, Marilú Marini y Andrea Pietra. También está a punto de debutar como cineasta.

Tras su celebrado coprotagónico en «El hombre de al lado», en donde interpretó a un sofisticado diseñador industrial en desigual pelea contra un vecino invasivo (revelador trabajo de Daniel Araoz), Spregelburd fue convocado para trasladar a la pantalla grande una adaptación de su desopilante comedia «Acassuso» que este año cumplió su cuarta temporada en Andamio 90. La pieza narra los demenciales planes de un grupo de maestras dispuestas a asaltar un banco con el fin de aumentar los magros fondos de la cooperadora escolar.

Para el año próximo tiene pensado reestrenar «Todo» (un trabajo comisionado por el teatro Schaubühne de Berlín para conmemorar los veinte años de la caída del Muro) y «Buenos Aires» (parte de una coproducción mixta estrenada originalmente en el Chapter Arts Centre de Cardiff (Gales) y exhibida este año en el Teatro de la Comedia). Spregelburd dialogó con este diario sobre la disociadora experiencia de estrenar obras en Europa con gran producción y luego no encontrar sala donde exhibirlas en Buenos Aires. «Todo» se exhibe hasta fin de mes en el Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556) y retoma el año próximo. Integran el elenco Andrea Garrote, Mónica Raiola, Pablo Seijas, Alberto Suárez y el propio autor.

Periodista: Usted es bien conocido en el teatro independiente, pero desde que filmó con Mariano Cohn y Gastón Duprat lo saluda todo el mundo.

Rafael Spregelburd: No sé como lograron un producto tan popular, siendo que para mí «El hombre de al lado» es una película muy fina y de autor. A mí nunca me había pasado que me pararan por la calle o que me dijeran, en relación a un personaje ¡qué hijo de puta!, como si fuera un halago.

P.: ¿Quién va a dirigir la versión cinematográfica de «Acassusso»?

R.S.: Los productores quieren que la dirija yo. Voy a trabajar en equipo con Cohn y Duprat y esperamos poder empezar el año que viene. Pero todavía se está resolviendo el tema del dinero. Ya postergamos dos veces el rodaje.

P.: Háblenos de su obra «Todo». Es curioso que hayan convocado a un dramaturgo argentino para hablar de la caída del muro.

R.S.: Llamaron a cinco autores de distintos países para que escribiéramos sobre la identidad y sobre el concepto de pueblo. Como el tema me parecía bastante farragoso decidí trabajarlo como tres fábulas morales, cada una con un procedimiento de juego diferente, a partir de tres preguntas: ¿Por qué todo Estado deviene burocracia?; ¿Por qué todo arte deviene negocio? Y ¿por qué toda religión deviene superstición? En el primer acto, el narrador nos guía, con cierto desgano, por una fabula que no le pertenece del todo. En el segundo ya el narrador es un poco más insidioso, no solamente tiene más información sobre lo que está viendo, sino que además opina sobre los personajes. Cuando el espectador cree haberse acostumbrado a esta nueva condición del narrador, en el tercer acto pasa algo insólito: el narrador cuenta una historia totalmente distinta de la que uno está viendo. Vemos una historia pero escuchamos otra y el cruce entre ambas cosas produce en general mucha angustia.

P.: ¿Lo dice por la reacción del público?

R.S.: Sí. Es una de mis obras más tristes y tampoco sabemos muy bien por qué. Recuerdo cuando la estrenamos en Alemania, la gente tenía reacciones muy extremas y eso que los espectadores alemanes no son de llorar en el teatro. Me acuerdo que hubo un debate después de la función y me preguntaron qué es lo que había hecho para conmoverlos así. Y la verdad es que no tengo la menor idea.

P.: En general sus obras tienen grandes dosis de humor. Lo que ha generado no pocos malentendidos.

R.S.: A veces los espectadores vienen a ver obras mías porque creen que todo es «Bizarra» (Centro Cultural Rojas, 2003) y vienen a reírse. Y cuando se dan cuenta de que no van a reírse se sienten un poco estafados. Pero para mí eso está muy bien. Yo no soy una banda de rock, no le tengo que ofrecer a mis fans el mismo hit del verano pasado para que compren el disco.

P.: Usted estrenó varias obras en Alemania ¿Se siento cómodo trabajando allá?

R.S.: Para mí es un privilegio trabajar en otros contextos donde mi vida está más ordenada. Yo llego a los teatros en Alemania y tengo tres asistentes. Uno de ellos se encarga de los horarios. Acá, en cambio, tengo que hacer todo, incluso conseguir la sala de ensayo.

P.: ¿Cuesta mucho conseguir sala?

R.S.: Sí, sobre todo cuando las obras tienen características particulares. Entre las salas que cerraron por la persecución de los inspectores y la gran cantidad de espectáculos que siempre hay en exhibición cuesta mucho conseguir espacio. Las salas no quieren tener un único espectáculo, trabajan como mínimo con dos o tres obras. Ya no hay lugar donde dejar las escenografías y hasta obligan a compartir luces. En una sala me dijeron: «Tenés que usar la puesta de luces de esta directora». Y yo les respondí: «¿También querés que le pida permiso a su iluminador para que figure en mi programa?».

Entrevista de Patricia Espinosa

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