El mercado subió escudado en una mayoría de razones equivocadas, ¡pero subió! nos diría más de uno. Desde el muy probable incremento de los impuestos al capital en Italia, pasando por la idea de que el franco suizo se enganche al euro, la amenaza que Francia e Italia se estarían uniendo a la cohorte de países prohibiendo las ventas de títulos en descubierto (en la lista tenemos a Grecia, Corea del Sur y Turquía, más las regulaciones introducidas subrepticiamente en febrero último que restringen en los EE.UU. las ventas en descubierto), hasta la mayor suba intradiara de la tasa de 30 años desde 1987 a la decisión del CME de incrementar en un 22% la garantía para operar con los contratos futuros de oro (la idea inglesa de cerrar las redes sociales intentando calmar los disturbios no se vincula de manera directa con el mercado, pero es otra afrenta a la libertad de las personas y mercados). Si decimos que todas éstas fueron razones equivocadas, es porque si bien individual y colectivamente pueden justificar una suba de las acciones, esto es sólo en el corto plazo, inscribiéndose bajo lo que los analistas técnicos llaman un rally en un mercado bajista. Según la tradición -a la que ni suscribimos ni dejamos de suscribir-, estos rallys son notoriamente violentos, muchas veces disparados por alguna medida estructural (como las mencionadas) que precipita una desesperada carrera para cubrir posiciones sobrevendidas. No sabemos si éste fue el caso de ayer, cuando el Dow trepó un 3,95% cerrando en 11.143,31 puntos (en los últimos 15 minutos el Promedio desanduvo un 1,2%), pero que pareció serlo, lo pareció. De ser así, en lugar de estar frente al inicio de un nuevo mercado alcista, lo sucedido no sería más que el reflejo de que aún no terminó la limpieza/descreme de las operaciones -y operadores- apalancados (el tiempo dará la respuesta).
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