Poco de todos los componentes que conllevan a una conclusión bursátil, va en auxilio del casi medio por ciento de aumento que rubricó la actuación del Merval. Quedó en soledad, como un mástil sin bandera, para que en los medios repiqueteara que en la Bolsa local el saldo fue positivo. Contra esto, y un indicador que cerró en 3.312 puntos, se opuso el piso de la jornada que lo deprimió hasta un mínimo de 3.269 unidades. También, que en el total de especies se anotaron 30 papeles con aumentos, pero con otros 36 que decrecieron su nivel. Y enmarcando todo el lento, pesado, desarrollo, un volumen efectivo en acciones, que apenas si alcanzó los $ 33 millones (el promedio por rueda, de marzo, fue de $ 56 millones). Lo mejor que puede decirse a favor es que pudo salir del fondo del pozo, para ensayar un movimiento de reflote y que estuvo basado en una de las viejas estrategias: la de contraer el ritmo de negocios, acompañar el paso de las horas y adecuar los suministros vendedores a la diezmada capacidad de demanda. El exterior tampoco prestó apoyatura, porque el Dow Jones mostró uno de sus habituales "dibujos", modificando lo que era una rueda bajista más abultada, para dejarla sólo un 0,3%. Y los de Europa que también derraparon, hasta máximo en Fráncfort con el 2,2%. En el panel líder, entre YPF -con suba del 2,2%- y G. Galicia, algo más del 1%, oficiaron de remolques para el resto del listado ponderado.
La semana: el Dow rescató -con su propia magia- un 0,27% a favor, en cambio el Bovespa derrapó el 1,45%. Y la corta semanita del Merval acumuló demasiada agua en el bote: con un 2% de contracción. Período bien adverso, con un remate dudosamente positivo. La Bolsa, nadando.
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