25 de junio 2012 - 00:00

Teatro caníbal, mundo caníbal

Cibele Forjaz dirige en el Abasto un espectáculo que aborda la antropofagia como metáfora del amor, las diferencias de clase y los cruces entre culturas.
Cibele Forjaz dirige en el Abasto un espectáculo que aborda la antropofagia como metáfora del amor, las diferencias de clase y los cruces entre culturas.
Invitada por el Complejo Teatral de Buenos Aires, la directora e iluminadora brasileña Cibele Forjaz estrenó, en el Teatro del Abasto, el tríptico teatral «La comida» del dramaturgo Newton Moreno, también del Brasil. El espectáculo aborda el canibalismo y la antropofagia, enfocados como metáforas del amor, las diferencias de clase y los cruces entre culturas.

Esta iniciativa del CTBA apunta al intercambio artístico entre directores y dramaturgos extranjeros y elencos, equipos técnicos, espacios y productores locales. En la obra actúan Carolina Tejeda, José Mehrez y Alfredo Urquiza (elegidos entre un casting de más de 30 actores). La escenografía y vestuario pertenecen a Pepe Uría, la iluminación a Ricardo Sica y la música a Federico Marrale.

«Aprendí el español con mis actores -bromea la directora- «después de dirigirlos durante un mes y medio en portuñol». Forjaz ha integrado las más audaces corrientes de investigación de la escena paulista, a menudo con la asistencia de antropólogos e historiadores. Desde hace 12 años dirige la Cía Livre en la ciudad de San Pablo. Dialogamos con ella:

Periodista: El tema parece muy vigente. Hace pocas semanas hubo una noticia horrorosa, un artista japonés cocinó sus órganos sexuales y los sirvió en un banquete privado.

Cibele Forjaz: El caso que usted menciona ocurrió mientras estábamos ensayando. Pero estas tres historias tienen un nivel metafórico, aunque también los personajes se coman de verdad.

P.: Cuéntenos el argumento de cada una.

C.F.: La primera es sobre la pasión de una pareja como canibalismo amoroso. No es una cuestión de violencia, es una fuerza que los lleva de tener sexo a querer tener al otro dentro de sí mismo. En la segunda historia, el canibalismo se relaciona con cierta perversión y también con el amor. Un ejecutivo muy rico se cruza con un mendigo en la calle y siente una gran atracción por su olor y su miseria. Termina comiéndose una parte del mendigo. La tercera es la más literal y hace referencia al canibalismo funerario. Un antropólogo quiere grabar las últimas palabras de un indígena moribundo ya que es el último hablante de una lengua que se extinguirá con él. Entonces, el indio hace un pacto con el antropólogo. Le dará sus últimas palabras a cambio de que él le coma la lengua, porque la gente de su pueblo se come ritualmente a sus muertos.

P.: Brasil siempre ha valorado las culturas nativas; al menos desde la antropología.

C.F.: Sí. Pero las peleas de estos pueblos en defensa de sus tierras y de su cultura continúan. No es una cuestión de 500 años atrás. En Brasil hay 250 pueblos originarios y en la Argentina hay otros tantos con problemas parecidos. Toda América tiene un conflicto con sus culturas originarias por nuestro colonialismo. Ahora mismo, hay en Brasil una gran pelea por la construcción de la represa hidroeléctrica de Belo Monte, en la región del Amazonas. Van a inundar tierras, a destruir la selva y a reducir las reservas de peces imprescindibles para la supervivencia de los indígenas de la zona. La cuestión de la diferencia es un tema muy importante para nosotros, porque con la globalización se difundió la idea de que todo el mundo contemporáneo debe ser de la misma cosa.

P.: En su país hay mucha población negra, pero no se aprecian grandes conflictos raciales.

C.F.: Esa imagen de democracia racial es un mito, no es verdad. No hemos tenido tanta discriminación como en otros países, porque tenemos una cultura más mezclada. En la actualidad más de 50% de la población se define como negra. Y de 30 años a esta parte hay un orgullo de la negritud que va creciendo cada vez más, pero eso no quiere decir que no haya racismo.

P.: Al menos nunca hubo una discriminación tan brutal como en Sudáfrica y EE.UU.

C.F.: No, pero tuvimos esclavos hasta 1888. Brasil fue uno de los países que más tardó en abolir la esclavitud y a la vez favoreció la mezcla de razas. Fue una contradicción, que hoy es una de sus grandes riquezas y también uno de los grandes problemas que el país tiene que resolver. Nuestra cultura es cada vez más mestiza, por eso quise traer esta obra acá, por ser un proyecto de cruce, donde la diferencia y la antropofagia cultural son a la vez tema y procedimiento de trabajo. En los 45 días que llevo en Buenos Aires viajé mucho en transporte público y observé que el pueblo argentino es indio. Y eso ya es visible andando por las calles.

P.: A muchos no les gustaría su comentario.

C.F.: Pero es así. Hay una mayoría mestiza. Sólo la elite, que es más europea, sigue diciendo: «soy blanca, desciendo de europeos», porque seguimos colonizados. Pero en Brasil ya no hay blancos, los que venimos de varias generaciones, somos todos mestizos. Y acá, en la Argentina, es lo mismo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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