Haciendo un balance de cómo impactó la pandemia en el mundo del espectáculo y las artes escénicas, e incluso cómo perdura, aunque ahora con mejores perspectivas, hubo un día clave, que fue el 1 de octubre último, cuando el aforo, en los espacios escénicos, creció al 100%, y marcó lo que para algunos resulta un cambio de perspectiva concreta. Seguramente a quienes no se dediquen a nuestra profesión les resulte difícil comprender por qué en el espectáculo, y más allá de sus fronteras, tanto se dijo y escribió sobre el aforo, y la importancia de su alcance. De hecho, para mucha gente la palabra “aforo” resultó conocida a partir de esta situación sanitaria.
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El aforo está ligado a la posibilidad de la mayor o menor posibilidad de producción, a crecer o decrecer en proyectos, a achicar o agrandar las fuentes laborales que el teatro y la música en vivo producen. Hay que aclarar que el aforo original, o sea el 100%, no es sinónimo de buenos bordereaux, porque el fracaso existe desde siempre, incluso en tiempos de gran bonanza; eso ya es inherente a la conducta del público ante el abanico de propuestas.
Desde mazo de 2020 transito una época en la cual mi curiosidad por conocer los bordereaux de cada noche, de cada espectáculo, mutó por otro, muchísimo más dramático: averiguar el número de ciudadanos infectados o fallecidos. Nunca imaginé en tantos años de profesión ese cambio de paradigma; sin embargo, siempre tuve en claro que el bordereaux sanitario era prioritario, el que marcaría el rumbo para aspirar a recuperar nuestro trabajo.
En marzo de 2020 mi primera convicción, que hice pública en su momento, fue que el año terminaba ahí. Dicha convicción me sirvió para asumir mi responsabilidad empresaria: debo confesar que para mucho me sirvió, en aquel inicio, una nota periodística escrita por Carlos Burgueño, y publicada en Ámbito, en la cual reproducía una comunicación de un doctor en Humanidades, un profesor de la Universidad de Barcelona; su nombre es Víctor Küppers: él ahí planteaba a los dirigentes de empresa lo siguiente: “Esto lo vamos a superar dentro de algunos años, y lo importante será cómo quieres que te recuerden”. Le hablaba a los empresarios en general, también a la clase empresarial argentina, y reiteraba: “Te van a recordar por cómo te manejaste”. Eso decía Küppers, un desconocido para mí, que nunca sabrá cuánto me ayudó a aclararme.
En mi carácter de dirigente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales, AADET, en mayo de 2020 pude plantear a las autoridades una especie de hoja de ruta, mientras que con otros colegas transitamos decenas de reuniones virtuales y presenciales en la búsqueda de estudiar protocolos, convencidos de su eficacia para el día que se pudiese retomar nuestra tarea. Mucho se trabajó en aquellos tiempos de clausura, incluso como para ser acreedor a una denuncia por haber concurrido a una reunión de trabajo de propuesta del mismísimo Presidente de la Nación, intentando en aquel momento responder sobre el futuro incierto que nos aquejaba.
Primer paso
Después de aquello, en noviembre de 2020, con un reducido 30% de aforo autorizado para las salas de espectáculos, pudimos dar un primer paso emocionados al dejar de ser una actividad clausurada. Pasamos al 2021, y en abril celebramos tener un 20% de butacas ocupadas, no olvidando aquel inicio de noviembre con un escaso 6% de espectadores. Pero ahí llegó lo que se llamó la “segunda ola”, la cual restringió el horario de circulación en la vía pública, y entre otras actividades nuevamente clausuradas se incluyó la nuestra. Ese retroceso, ese mensaje en contrario a la confianza del público que invitamos recuperar con la implementación de cuidados, protocolos, volvió a pesar durante nueve semanas en la ya profunda crisis del sector. Sin embargo, siempre anteponiendo la sanitario, algunos preferimos trocar la queja en propuesta al gestionar la creación de un pasaporte cultural. Un pasaporte que en junio de este año, ya con un 50% del aforo recuperado, se consiguió aprobar para transitar durante el horario restringido, y a partir de ahí comenzó esta nueva etapa, que podemos imaginar como de “nueva normalidad”.
En lo personal, nuestra empresa colocó una marquesina gigante sobre la avenida Corrientes que llegó a mostrarse en otros países. Aquel texto fue elocuente y nos acompañó durante 2020. Decía: “Bajemos el telón para cuidarnos. Habrá tiempo para volver al teatro”. Hoy siento que llegó ese tiempo. Nuestro colectivo artístico no lo apuró, lo bancó inclusive a veces sin resto. Esa posición es la que hoy nos da crédito para esperar a los espectadores y espectadoras con los telones listos para disfrutar del vínculo con la cultura y el esparcimiento que el espectáculo propone. No dudo que comienza como más fuerza el momento de volver a vernos, y para eso, el pasado 8 de este mes, nos hemos reunido en la avenida Corrientes todas las disciplinas del espectáculo para mostrarnos vivos, e incluso homenajear a aquellos que dejaron sus vidas en una situación de emergencia impensada para la humanidad.
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