La semana arranca con un Gobierno tecnocrático instalándose en Grecia y otro a punto de hacerlo en Italia (aunque insistimos, hasta que no se seque la tinta del traspaso cualquier cosa puede suceder). Como señales, más que hablar de una salida de las crisis en esos dos países, esto evidencia que a la corta o a la larga (parece que las cosas vienen más por este lado) la confusión reinante en la eurozona va tomando alguna dirección, lo que no alcanza, pero al menos es un primer paso. Sin dudas esto contribuyó la última semana al 1,42% que ganó el Dow cerrando en 12.153,68 puntos, pero si miramos que este resultado dependió directamente del 2,19% que ganó el Promedio Industrial el viernes, cuando los principales contribuyentes a la suba fueron IBM, Caterpillar, United Technologies, Boeing y Disney (tuvimos buenos balances y el 1% que ganó el euro puede haber ayudado a las exportadoras), es evidente que la cuestión financiera (este sector es el más sensible a los vaivenes de la eurocrisis) no fue lo que más pesó en el ánimo de los inversores. Otros dos factores que pueden haber contribuido a la mejora del humor fueron el anuncio de que los pedidos de seguro de desempleo cayeron al mínimo en 7 meses y que el sentimiento de los consumidores de este mes está en el máximo desde junio. En realidad, con apenas 3.300 millones de acciones negociadas la última sesión (NYSE), más que hablar del porqué de la suba deberíamos estar hablando del porqué del paso al costado de los inversores, que si lo vinculamos con algunos datos como el elevado nivel en que quedó el índice VIX (el llamado índice del temor mide la diferencia entre opciones de venta y compra) y el inusual spread con las opciones de venta a enero (casi u$s 50), sugiere que estamos lejos de poder afirmar que la desconfianza se está desvaneciendo. No hay que olvidar que aún solucionando los problemas de Roma y Atenas, aún quedan muchos otros pendientes. Por caso, España prácticamente entró en un proceso recesivo y la tasa de sus bonos sigue cercana al 6%. En finanzas los riesgos no se eliminan, se trasladan; si instalamos una tecnocracia, quien pierde es la democracia.
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