25 de noviembre 2008 - 00:00

¿Terminan preferencias para negros?

¿Será un presidente negro quien ponga fin al cupo racial en Estados Unidos? Suena paradójico, pero es lo que podría suceder bajo la futura administración demócrata de Barack Obama, desconcertando a propios y extraños.

Mientras en París, Carla Bruni, la esposa del presidente francés Nicolas Sarkozy, se sumaba a quienes quieren instaurar la discriminación positiva en ese país y, en Buenos Aires, Cristina de Kirchner afirmaba que el triunfo de Obama había despertado «grandes ilusiones» en «las minorías del mundo», la elección del primer presidente negro de los Estados Unidos podría implicar, si no el fin, al menos una profunda revisión de los programas de «affirmative action», es decir, los cupos étnicos para el ingreso a las universidades y a puestos públicos, destinados a compensar a la comunidad afroamericana por previas discriminaciones.

Poco importa que el electorado negro represente en Francia apenas 3% del total; el «efecto Obama» es así. Y parte de un equívoco, pues si bien Barack Obama es un presidente negro, no es un presidente de los negros. Pertenece a una nueva generación de líderes afroamericanos que, aunque se beneficiaron de las luchas de sus predecesores y de la discriminación positiva, han sabido darles a sus carreras una dimensión que supera lo racial.

Dos factores podrían llevar a un cambio en la « affirmative action»: por un lado, el hecho de que un negro haya llegado a la primera magistratura del país es esgrimido como prueba de que la discriminación positiva ya no es necesaria. Por el otro, el propio presidente electo planteó esta posibilidad durante la campaña.

  • Sorpresa

  • Interrogado sobre este tema por la cadena ABC durante las primarias, Obama sorprendió al insinuar que revisaría esas políticas con el fin de reemplazar los criterios étnicos por los socioeconómicos. El entonces precandidato presidencial dijo que muchos blancos, trabajadores o de clase media, «cuando oyen que un afroamericano tiene ventaja para obtener un buen trabajo o ingresar a una buena universidadpor una injusticia que ellos no cometieron», pueden sentir un resentimiento « basado en preocupaciones legítimas». Obama admitió que muchos afroamericanos siguen viviendo en la pobreza, pero al mismo tiempo dijo: «Creo que debemos tener en cuenta a los niños blancos que se han visto en desventaja y han crecido en la pobreza, pero muestran tener lo necesario para triunfar». Llamó entonces a «diseñar» una política «tal que algunos de nuestros niños que están aventajados no reciban un tratamiento más favorable que un niño blanco pobre que ha luchado más». Y agregó que sus propias hijas eran privilegiadas y que no les correspondería gozar de las preferencias que en cambio sí merecerían los hijos de trabajadores de cualquier raza.

    De hecho, la «affirmative action» ya ha sido eliminada en algunos estados, como California y Michigan. Y, en paralelo con esta última elección presidencial, la necesidad de poner fin a la discriminación positiva fue sometida a consulta popular en dos estados: en Nebraska ganó el Sí; en Colorado, el No. Los promotores de estas enmiendas afirman que Obama «ayudó a su causa».

    La política del cupo racial fue iniciada por John Kennedy en 1961. Si Obama, que en agosto pasado también se manifestó contrario a las indemnizaciones por esclavitud, la modifica, estaría poniendo fin a más de 40 años de apoyo demócrata a las preferencias étnicas. Pero no hay duda de que pasar el acento del factor raza al nivel de ingreso sería un cambio bien recibido en un país en el cual la desigualdad social ha crecido significativamente en los últimos años. El presidente electo proviene de una familia de clase media educada y es consciente de que algunos privilegios basados en el factor racial irritan a quienes carecen de medios para costear la educación de sus hijos.

    De hecho, en una sociedad bien integrada, el factor étnico debería ir perdiendo importancia, y la apuesta de Obama a preferencias basadas en la categoría socioeconómica eliminaría un factor de división -la raza- entre los mismos pobres.

    Así, en momentos en que en el mundo muchos gritan «hoy somos todos negros», el causante de esa euforia apunta, en cambio, a una sociedad en la cual el factor racial pierda peso.

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