Terror con sistema 3D bien aprovechado

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Los fans de la saga de «Destino final» saben que no pueden llegar tarde al cine: la primera secuencia siempre tiene que ver con la premonición de un accidente terrible (una tragedia aérea, un choque en cadena en una ruta, una montaña rusa que funciona mal) y, en este caso, el comienzo es tan o más impactante que en los films anteriores.

La secuencia inicial tiene que ver con una carrera de autos con choques múltiples en un autódromo viejo y descuidado en cuanto a la seguridad del público, lo que culmina en una verdadera masacre, con todo tipo de autopartes arrojadas hacia la cámara para aprovechar a full las propiedades del sistema 3 D digital en el que está filmada la película. A decir verdad, el director David R. Ellis -que ya había dirigido «Destino final 2»- no se limita a lanzar cosas hacia la cámara, sino que a lo largo de todo el film encuentra nuevas formas de darle un toque tridimensional a las sangrientas muertes de sus personajes (incluyendo uno que queda cortado en pedacitos al ser aplastado contra un alambrado).

El guión también se las arregla para evitar las explicaciones esotéricas más absurdas de los films anteriores sobre los que, habiendo escapado con vida de la masacre inicial debido al aviso de la premonición, luego son acechados por extraños accidentes, insinuando que cuando a una persona le llega su hora, no hay manera de escapar a la muerte.

Aun conociendo la estructura al pie de la letra, esta cuarta secuela resulta más contundente y entretenida que las anteriores, no sólo por la cantidad de gore que despliega en cada escena, sino porque para rematar bien las cosas, incluye también una masacre final nada menos que en un cine que exhibe una película 3 D.

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