4 de enero 2011 - 00:00

“Toc Toc”: seis obsesivos en busca de su propio Godot

Lía Jelín: «Muchos creen que las historias disparatadas de ciertos ritos que tiene la gente sólo ocurren en la ficción cuando no es así».
Lía Jelín: «Muchos creen que las historias disparatadas de ciertos ritos que tiene la gente sólo ocurren en la ficción cuando no es así».
Seis pacientes con trastornos obsesivos compulsivos coinciden en la sala de espera de un psiquiatra que, por razones ajenas a su voluntad, no podrá llegar a la cita. Ante su ausencia, las conductas se irán un poco de control pero a la vez se producirá un inesperado intercambio grupal. La obra se titula «Toc Toc» (su autor es el actor, animador y libretista francés Laurent Baffie) y subirá a escena el próximo viernes en el Multiteatro. La dirección pertenece a Lía Jelín,también responsable de la puesta mexicana estrenada en 2010, y el elenco está integrado por Mauricio Dayub, María Fiorentino, Daniel Casablanca, Melina Petriella, Gimena Riestra y Diego Gentile. Una vez más, la directora de «Confesiones de mujeres de 30», «Todos tenemos problemas sexuales» y «Monólogos de la vagina» se inclina por los conflictos humanos enfocados a través del humor. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿De qué tipo de trastornos se trata?

Lía Jelín: Científicamente se los denomina T.O.C. «trastorno obsesivo compulsivo». Son perturbaciones provocadas por la ansiedad, a la que se intenta controlar mediante rituales de todo tipo. Hay un T.O.C. de limpieza: los que se lavan las manos todo el tiempo, le tienen fobia a las bacterias y no quieren que nadie los toque; el T.O.C. de la simetría y el orden que obliga, por ejemplo, a no pisar las rayas de las baldosas; los rituales de verificación: cuando uno se la pasa buscando las llaves de su casa o viendo si cerró la llave de gas. Hay otra gente que pone la llave, la saca, da tres vueltas y la vuelve a poner para calmar su ansiedad...

P.: Como el personaje de Jack Nicholson en «Mejor imposible». Pensé que era una exageración del libre.

L.J.: Muchos creen que estas historias disparatadas sólo ocurren en la ficción cuando no es así. En México contactamos al director de la Asociación de Trastornos Obsesivos Compulsivos, en primer lugar para convencer a los actores mexicanos de que esto no era ninguna fantasía. Una de las actrices me decía: «esto no puede ser» hasta que vino el psiquiatra a ver un ensayo y luego nos dio una conferencia muy ilustrativa.

P.: ¿Hizo lo mismo con el elenco argentino?

L.J.: Acá fue el revés cada uno de los actores se ocupó de investigar por su cuenta. No olvidemos que de cada diez argentinos hay uno psicoanalizado, entre los cuales me incluyo. Mientras que en México debe haber, con suerte, un psicoanalizado cada diez mil habitantes. Además, la madre de Melina (Petriella) es psicóloga así que aportó mucho material para su personaje, una chica que repite todo dos veces porque si no lo hace tiene miedo de morirse. También padece de ecolalia. Si alguien dice «señorita» ella no puede dejar de repetir: «ita, ita».

P.: ¿Algún otro caso?

L.J.: Otro de los personajes tiene el síndrome de Tourette que provoca movimientos repetitivos e involuntarios.

P.: El neurólogo Oliver Sacks cita un ejemplo similar en su libro «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero».

L.J.: Sí, el del baterista que no podía controlar los tics de sus manos; pero que era genial cuando agarraba los palillos.

P.: Lo paradójico fue que al curarse ya no resultó tan buen baterista. Sacks utilizó esta historia clínica para relativizar el concepto de enfermedad y quitarle su carga negativa.

L.J.: Sacks es un humanista extraordinario. No por nada Peter Brook hizo una puesta maravillosa con ese libro. Me acuerdo que salí de verla en el FIBA (Festival Internacional de Teatro de Bs.As.) y me fui directo a comprar el libro. «Toc Toc» es otra cosa, una comedia divertida que tiene algo del encierro y la angustia de «Esperando a Godot». Pero, en lugar de trabajarlos seriamente los toma con humor. Los personajes no pueden controlar sus tics y eso causa carcajadas. O sea, lo de siempre: alguien pisa la cáscara de banana, se cae y provoca risas y ternura, como en las películas de Chaplin.

P.: El autor parte de la idea de que todos tenemos algún T.O.C.

L.J.: Es cierto, por eso la obra ha tenido tanto éxito en Francia, España y México. Para empezar, todos tenemos -en mayor o menor medida- el toc del orden y la simetría porque lo necesitamos para vivir.

P.: ¿De estos trastornos cuál es el más dañino?

L.J.: El peor de todos y el más difícil de curar, según este médico mexicano, es el T.O.C. acumulador, el del coleccionista. ¿Se acuerda de aquel señor que tenía en su casa bolsas y bolsas de basura hasta que un día los vecinos protestaron por el olor nauseabundo? Salió en los diarios... Bueno, nosotros no incluimos este trastorno, pero el médico nos contó que un paciente suyo lo padecía y tuvo que mudarse de casa porque ya no entraba en ella. No podía tirar ni un diario, ni una colilla, nada. Otro caso famoso es el del millonario Howard Hughes, que en lugar de tirar su orina, la coleccionaba... Todos estos trastornos son producto de una angustia existencial muy profunda frente a un mundo cada vez más alienado. Recién ahora tienen nombre y apellido, pero hasta no hace mucho ni siquiera se los consideraba una enfermedad. A quienes la padecían se los trataba prejuiciosamente de excéntricos, de maniáticos o de caprichosos.

Entrevista de Patricia Espinosa

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