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Tola y Pérez, con acento italiano
A dos meses del recital que brindaron en el ciclo de Pilar Golf, dos grandes artistas argentinos, la soprano Virginia Tola y el pianista Fernando Pérez, volvieron a presentarse juntos en el Teatro Colón, para Festivales Musicales, con un repertorio en 50% dedicado a la música italiana con fuerte presencia del género operístico en el que la santafesina viene brillando aquí y en el mundo.
Con el «Ave Maria» del «Otello» de Verdi se abrió el bloque lírico, en una versión de una intimidad que la aproximó a una canción de cámara. El dramatismo más explícito del aria de Amelia de «Un ballo in maschera» (papel que interpretó recientemente en El Círculo de Rosario) permitió a la cantante exhibir una veta en la que se siente especialmente cómoda, amén de un registro muy parejo y una voz siempre cautivante, seguida por «Io son lumile ancella» (de «Adriana Lecouvreur» de Cilea) cantada con una belleza cálida y sensual.
La versión de «Vissi darte», con expresividad contenida, tuvo un final inesperado: en el descenso desde el agudo cerca del final su voz pareció ahogarse en una calatura que Tola disimuló con un gesto teatral, aunque no pudo evitar que una sensación extraña quedara flotando en el auditorio. Tras la poco conocida «Rêverie» del ciclo «Impresiones» de Alfredo Catalani, interpretada con la sensibilidad que caracteriza a Fernando Pérez, Tola remontó magistralmente la primera parte del recital, en dos de las más bellas canciones italianas: «Malìa», de Tosti, y «Musica proibita», de Gastaldon.
El homenaje a su compatriota Carlos Guastavino consistió en la elección de sus tres canciones más famosas: «La rosa y el sauce», «Se equivocó la paloma» y «Pueblito mi pueblo»; aunque las tres, y especialmente la última, sonaron en su voz con un encanto renovado, cabe preguntarse el porqué de la elección de páginas trilladas de un autor que ha dejado una producción tan frondosa y extraordinaria en este género.
Como preámbulo a las «Siete canciones populares españolas» de Manuel de Falla, Pérez plasmó de manera casi hipnótica la «Danza ritual del fuego» de «El amor brujo», con una soberbia variedad dinámica y colorística. En la paleta de estilos y ritmos de las canciones del compositor gaditano, Tola también desplegó con inteligencia recursos expresivos, hasta el clímax dramático del «Polo» final. Los bises, variados pero todos igualmente celebrados por un auditorio receptivo y entusiasta: «De España vengo», «O mio babbino caro» y «Te quiero, dijiste», más conocida como «Muñequita linda», el infaltable ingrediente popular latinoamericano.

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