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Tras un traspié en el debut, Chayanne conformó a sus fans
Ceremonia repetida. Miles y miles de mujeres hacen largas y prolijas colas en la calle para entrar a la cancha de Ferro en la primera de las tres funciones programadas, como antes lo hicieron en varias ciudades del país y lo harán en el cierre de la gira en Trelew. El escenario, dispuesto sobre una de las tribunas laterales, ofrece un ambiente teatral, con prácticamente la totalidad de las 15.000 personas ubicadas en sillas plásticas sobre el campo de juego o en la platea techada del estadio. Tres años después de su anterior visita, y con la excusa de presentar también en Argentina su más reciente álbum «No hay imposibles» -que incluye el tema «Me enamoré de ti» de la exitosa novela mexicana «Corazón salvaje»-, Chayanne volvió a la Argentina. Y confirmó su liderazgo como el cantante latino capaz de concentrar la mayor cantidad de mujeres por metro cuadrado -de muy diversas edades y muchas de ellas ataviadas con lo más sexy que encuentran en su guardarropas- y, consecuentemente, la menor cantidad de hombres.
Adentro del estadio, la emoción es intensa y se nota desde mucho antes de comenzar a sonar la música (que llega casi con 60 minutos de atraso respecto del horario anunciado). Nadie se mantiene sentado en su butaca y los teléfonos que sirven como máquinas fotográficas se entrenan tomando imágenes de algunos famosos presentes.
Pero el diablo -o, más bien dicho, el error humano- volvió a meter la cola en la primera de las funciones, que fue la que vimos. Hace tres años, el cantante suspendió su recital en River a muy poco de empezar porque su garganta, según dijo, no le respondía de la mejor manera. Esta vez, aparentemente se trató de una mezcla: problemas con la voz y dificultades técnicas hicieron que el sonido fuera deficiente, que se mencionara un «playback» difícil de confirmar a la distancia, y que el concierto durara sólo 75 minutos, mucho menos que lo habitual en otros puntos de la gira, inclusive en su sección argentina y en las noches porteñas restantes. Quizá para no repetir el bochorno, prefirió evitar sincerarse con el público como aquella vez. Pero no le dio resultado, porque muchas fans se sintieron desilusionadas y hasta defraudadas (más todavía considerando que habían pagado entre $ 120 y $ 550 para verlo), y así lo hicieron saber con algunos silbidos y luego en redes sociales y otras páginas de Internet.
Lo que hubo, mientras sucedió, fue una banda pop multinacional con un argentino incluido, que le brinda su esperable sonido internacionalizado, y un cuerpo de baile de cuatro hombres y dos chicas se mueven como atletas sin abandonar casi nunca la escena. Chayanne mismo baila, quizá un poco más calmadamente que otras veces, y canta, sonríe y festeja con las chicas («pueden hacer conmigo lo que quieran», dijo, aunque esta vez el tiro le salió por la culata), coquetea con las dos bailarinas de su staff y presenta con respeto a sus músicos y sus técnicos, pasa de los temas movidos (los que la industria norteamericana llama «uptime» y él repite en sus gacetillas) y las baladas. Hubo algunos temas del nuevo álbum (muchos menos justamente por lo ocurrido) y varios de sus clásicos, como «Provócame», «Caprichosa», «Guajira», «Candela», «Salomé», «Torero», etcétera. Y lo que debió ser una fiesta terminó con muchas caras largas que, afortunadamente, no se repitieron en las noches siguientes.
R.S.


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