27 de enero 2011 - 00:00

“Tres monos”: film moroso pero eficaz

La película más atractiva (o menos aburrida) del director turco Nuri Bilgen Ceylan tiene buenas actuaciones y su argumento es interesante.
La película más atractiva (o menos aburrida) del director turco Nuri Bilgen Ceylan tiene buenas actuaciones y su argumento es interesante.
«Tres monos» (Uc maymun, Tur.-Fr.-It., 2008, habl. en turco). Dir.: N.B. Ceylan. Guión: E. Ceylan, E. Kesal, N.B. Ceylan. Int.: Y. Bingol, H. Aslan, E. Kesal, A. R. Sungar, C. Kose, G. Aydin.

Para los seguidores del turco Nuri Bilgen Ceylan, supuesto heredero de Michelangelo Antonioni en temas de lentitud, personajes malhumorados, e incomunicación, ésta puede ser su película más atractiva. Para sus detractores, será por suerte la menos aburrida. Al fin hay una trama dramática, momentos de tensión, intriga, vueltas de tuerca, basta ya de tanta toma contemplativa como hay en sus películas anteriores, tipo «Climas» y «Lejano». Ah, además sigue el director de fotografía de «Climas», Gokhan Tiryaki, un verdadero exquisito que sabe sacarle el jugo a la cámara digital y componer cuadros hermosos, que para el asunto que trata son hermosamente sombríos, de cielos enormes y encapotados sobre el Bósforo que los protagonistas miran siempre de lejos.

Hay aquí cinco personajes. El mozo de café es, al parecer, poco importante. Los otros son un empresario celoso de su carrera política, su chofer de años, que acepta dar la cara por él y por la seguridad económica de la familia, el hijo de éste, que quiere dejar los estudios y trabajar con un transporte propio, y la madre, que a espaldas del padre conseguirá la plata, quizá poniéndose de espaldas. El problema es que quizá le tome el gusto. Hay un homicidio culposo, otro deliberado, adulterio, apasionamiento, rencillas, malas compañías, etc., y a la protagonista se le llega a ver algo. En cambio, a varios delitos ni los vemos, pero advertimos sus consecuencias. El estilo de Ceylan es ése, nunca se juega con una escena de acción, nunca dice del todo las cosas, él quiere que el espectador las deduzca a partir de los rostros de sus artistas. Que en este caso son todos buenos, en especial Hatice Aslan, linda mujer madura, y Yavul Bingol, que, dicho sea de paso, en Turquía tiene más fama como cantante de melodías folklóricas tristonas.

Hay momentos que no necesitan explicación. Y hay cosas que en cualquier circunstancia deben ser habladas, pero aquí la gente parece como los tres monitos que no quieren ver, ni oír, ni hablar, de ahí el título. No se hacen cargo, pero saben, y la procesión va por dentro, de cada uno, y del trío, y de la misma sociedad que representan. En esto último ellos no son una rareza. Ya al comienzo una pareja en auto encuentra un accidentado, quizá moribundo, y la mujer disuade al hombre de atenderlo o siquiera llamar a la policía. «No seas ridículo», le dice. Una escena similar era clave en «Muerte de un ciclista», de J.A. Bardem, con Lucía Bosé y Alberto Closas. Aquí es apenas un toquecito puesto como para que el espectador vaya encontrando el tono general de la obra, de modo que el lector ya puede imaginar cómo viene la mano del director. Hay que elogiar esa mano, pero eso sí, la del ciclista era más entretenida.

P.S.

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