5 de mayo 2011 - 00:00

Tributario del vacío, Duhalde fantasea con seducir voto PRO

Martín Sabbatella
Martín Sabbatella
Volátil al extremo, Mauricio Macri se declara obsesionado por encontrar un formato, lo menos dañino posible, para que su aventura presidencial no dinamite lo poco o mucho que el PRO tejió a nivel nacional con el atractivo de una candidatura que acaba de morir.

Explora opciones: agita el salto hacia arriba de Gabriela Michetti como vice de Felipe Solá -ver nota en pág. 12-, se aferra a una improbable irrupción de Juan Manuel Urtubey o Sergio Massa en la grilla presidencial o deriva, inevitable, en Eduardo Duhalde.

Frescos, los datos que el macrismo revisó en las últimas horas, ubican al bonaerense como el mayor tributario de los votantes que hasta ahora prometían acompañar al jefe de Gobierno porteño. Un porcentaje, amplísimo, se muda con cierta facilidad de Macri a Duhalde.

Derivaciones

Hay derivaciones hacia Lilita Carrió y hasta hacia Cristina de Kirchner. Es prácticamente nulo, sin embargo, el traslado de votantes de Macri hacia Ricardo Alfonsín. Ese fenómeno debería registrarlo Francisco de Narváez, que avanza en un acuerdo con el radical.

Pero Macri se enfrenta a un doble dilema: al abandonar la carrera nacional, produce una implosión en el PRO, que ahora queda sometido a un esquema de acuerdos, posiblemente perdidosos, porque sin su candidatura, pierde su principal capital político y electoral.

De su destreza para construir un esquema alternativo, un plan B que suplante la bajada del porteño, dependerá en gran medida la supervivencia del PRO. Horas atrás, Jorge Macri contó angustiado que sus referentes amagan con portazos: miran a De Narváez, a Scioli o incluso a Martín Sabbatella.

El jefe de Gobierno acepta, puertas adentro, que la opción más accesible es establecer algún tipo de empatía con el Peronismo Federal. Las encuestas que mira, que marcan el corrimiento de sus votantes hacia Duhalde, lo inducen a avanzar en esa dirección.

Pero se topa con una mala: el expresidente, además de tener un techo bajo -no supera el 10%-, es una «pésima» alianza, según el término usado por un operador macrista, mirado desde la Capital Federal. «A los porteños -dice- Duhalde no les gusta: un acuerdo con él nos puede hacer daño».

En ese puzzle, las piezas no encajan: el votante de Macri iría a Duhalde, pero a Macri lo perjudica un pacto público con el bonaerense. En paralelo, para mantener al PRO de pie, requiere un acuerdo nacional que le dé sustento y algún tipo de pertenencia.

En rigor, el macrismo asume que sus votos no son cautivos; por lo tanto, el universo de adherentes a la presidencial de Macri no seguirán, ciegamente, la oferta que -hipotéticamente- el jefe de Gobierno proponga, en su lugar, para la competencia nacional de octubre.

Ante ese intríngulis, alumbra la opción Solá-Michetti: el exgobernador, a diferencia de Duhalde, no produce grandes resistencias entre los porteños.

En el Luna Park, mañana, Duhalde hará un acto de relanzamiento presidencial. Avisó, una semana atrás, a sus laderos que la película presidencial de Macri tenía final cantado: «Se baja». Al punto que esta semana envió emisarios para discutir un acuerdo en la Capital.

En concreto, tal como contó este diario el lunes, el duhaldismo quiere ser considerado aliado en el armado de las boletas del PRO en la Capital.

Pone en la mesa, a modo de amenaza, la candidatura de Martín Redrado a jefe de Gobierno porteño. Dicen que mide un 5% y se los roba, todos, a Macri.

Polarización

Esa pulseada será, en las próximas horas, un expediente más en la agenda de asuntos por resolver de Macri. Aunque si escucha el análisis de la Casa Rosada, puede archivarlo sin problemas: allí, anoche, advertían que se avanza hacia una polarización extrema, en la que Macri absorberá todos los votos anti-K (ver nota en pág. 12).

Duhalde, por lo pronto, cree que queda instalado como el único componente de la centroderecha y prepara un discurso pensado para ese mercado electoral: en particular, una parrafada referida a Hugo Moyano, a quien instala como eje de su Biblia de campaña.

Otra lectura, surgida de sectores del peronismo K, es que la bajada de Macri resucita al bonaerense, dañado por el acuerdo avanzado entre De Narváez y Ricardo Alfonsín en la provincia de Buenos Aires.

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