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UCR en crisis: otra vez sobran candidatos
Además, los vaivenes de un acuerdo con el FAP, incluida la puja entre Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer, no encuentran fin.
La cuestión llegó al punto que ayer Mario Barletta, presidente del Comité Nacional, salió a pedir unidad para "ponerle un freno" al Gobierno nacional durante el encuentro en Santiago del Estero.
Unidad
"Los radicales debemos unirnos para ponerle un freno al Gobierno nacional que no tiene miramientos en avasallar las instituciones y a la democracia", dijo Barletta, "el oficialismo va a pelear hasta el último instante para encontrar el camino que le garantice el poder sobre el poder, porque es la manera de seguir manteniendo la concentración y la impunidad".
El problema para la UCR hoy es la multiplicidad de candidatos, algunos para octubre y muchos ya preanotados para 2015 y de negociadores con otras fuerzas.
Julio Cobos juega fuerte con su candidatura en Mendoza, donde el kirchnerismo hace juegos desesperados, muchos de ellos utilizando su seducción con Víctor Fayad, intendende radical de Mendoza Capital con llegada a la Casa Rosada como pocos, para dividir a la UCR allí y simplificarle la legislativa de octubre y la provincial.
Presidenciables
Otro mendocino, Ernesto Sanz, juega con chances para la presidencial, terreno en el que muchos colocan a Cobos. Uno de los casos, por ejemplo, es que cuando se le relata públicamente a Ricardo Alfonsín esa situación, no duda en afirmar que también podría anotarse en la carrera.
Otro juego se dio en la Convención bonaerense. Allí, si bien Alfonsín se movió sin problemas, Leopoldo Moreau festejó el rechazo que decidió ese cuerpo a cualquier acuerdo con el PRO, como el que había propuesto Gustavo Posee. "Hubiese significado abandonar los valores del radicalismo", salió a decir, después que los delegados por amplia mayoría decidieran esa prohibición de acuerdo en la reunión de Olavarría.
El problema es que esa decisión significa casi un pase de salida para Posse que llevó esa opción y tiene ya acuerdos cerrados, desatando una crisis que festeja ahora tanto la Casa Rosada como el propio Moreau.


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