Un castigo que no modificaría el curso de la guerra civil

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Washington - Los ataques acotados con misiles de crucero contemplados por Estados Unidos para "castigar" al régimen sirio no constituyen una estrategia y corren el riesgo de no tener el efecto disuasivo esperado, estiman expertos.

La intervención, si finalmente recibe luz verde del presidente Barack Obama, se limitará a una campaña puntual de algunos días e incluirá disparos de misiles de crucero Tomahawk desde los cuatro destructores ubicados frente a Siria, dijeron a varios altos funcionarios estadounidenses.

El objetivo no es alterar la relación de fuerzas entre los rebeldes y el régimen de Bashar al Asad, sino "disuadir" al presidente sirio de volver a recurrir a las armas químicas y "reducir" su capacidad de hacerlo, según los mismos funcionarios. Se trata de "enviar una señal", resumió uno de ellos. Pero nada indica que la señal vaya a ser bien recibida.

Los ataques deben ser "lo suficientemente importantes como para provocar el suficiente mal a (las autoridades) sirias para disuadirlas de volver a emplear armas químicas", opinó Richard Haas, presidente del Consejo para las Relaciones Exteriores (CFR), un centro de reflexión en Washington.

Los cuatro destructores movilizados tienen "unos 180 Tomahawks", dijo Christopher Harmer, experto naval en el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por su sigla en inglés), a los que hay que agregar, según él, los de los submarinos de crucero que están en el Mediterráneo oriental.

Eventualmente podrían "provocar una reducción temporal" de los medios operativos del régimen, pero "no eliminar sus capacidades militares ni sus armas químicas", escribió. Lo que preocupa a este analista es la falta de propósito estratégico de la operación que se está diseñando.

"La caída del régimen de Al Asad es un objetivo. Quitarle su capacidad de utilizar armas químicas es otro. Castigar a Al Asad por haber usado esas armas no es uno", aseguró Harmer.

Para Robert Satloff, del Instituto Washington de Política de Medio Oriente (WINEP), el ataque sería "un error".

"Como mucho tendrá el efecto de definir los medios aceptables para Al Asad de perpetrar matanzas masivas, incluso las cantidades de armas químicas a emplear", señaló en una columna de opinión en Político.

En junio, después de varias semanas de retraso, la Casa Blanca admitió finalmente que el régimen de Al Asad había usado armas químicas a pequeña escala. La violación de esa "línea roja", enunciada por el presidente Obama en el verano boreal de 2012, no dio lugar a ninguna reacción de Estados Unidos.

El efecto disuasivo de los ataques punitivos no está históricamente demostrado. En 1986, los estadounidenses bombardearon la residencia de Muamar el Gadafi en Bab El Azizia, Trípoli, tras un atentado dirigido por Libia contra una discoteca de Berlín occidental. Pero eso no impidió el atentado atribuido a Libia contra el Boeing de PanAm dos años más tarde sobre Lockerbie, Escocia.

Anthony Cordesman, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS, por su sigla en inglés), pidió un compromiso más fuerte contra el régimen de Damasco.

"El verdadero desafío no es poner fin al uso de armas químicas. El verdadero desafío son los 120.000 muertos, los más de 200.000 heridos" y los millones de refugiados sirios", dijo.

Pero como dio a entender John Kerry, el mensaje que enviarían esos ataques va más allá de Siria. Se trata de "fortalecer la credibilidad de la diplomacia estadounidense sobre la cuestión de las líneas rojas", en particular a propósito del programa nuclear iraní, explicó Richard Haas, de CFR.

"El presidente se equivocó al no actuar en junio contra Siria, tiene una rara segunda oportunidad. Esto sería beneficioso para Siria, para Irán y de manera más amplia para el futuro", dijo.

Agencia AFP

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