4 de abril 2012 - 00:00

Un malestar que se cocina a fuego lento

Il professore Mario Monti asumió con un perfil «técnico», pero los reclamos sociales, y la avidez de los políticos, le están recortando su capital.
Il professore Mario Monti asumió con un perfil «técnico», pero los reclamos sociales, y la avidez de los políticos, le están recortando su capital.
Roma - La mayoría de la gente en el sur de Europa ha permanecido hasta ahora sorprendentemente estoica ante algunos de los recortes presupuestarios más dolorosos de los que tenga memoria, pero hay señales de que la paciencia pronto podría acabarse.

Una huelga general en España con un respaldo inesperadamente amplio el jueves último y la creciente oposición al primer ministro italiano, Mario Monti, se encuentran entre los indicadores de que la resistencia está creciendo en una región que está en el centro de las preocupaciones sobre un recrudecimiento de la crisis de la deuda de la zona euro.

Portugal sigue siendo muy moderado por el momento, e incluso Grecia, escenario de repetidas protestas callejeras violentas, se ha aquietado recientemente. Pero hay señales de que los líderes políticos pronto estarán directamente en la línea de fuego en toda Europa, especialmente si se necesitan más recortes para reducir las deudas soberanas.

La atmósfera parece una combinación de dos tendencias opuestas: la aceptación del mensaje de que los recortes profundos son la única manera de salvar a sus países de la catástrofe económica y una sensación creciente de que el pueblo, que sufre privaciones y miseria, no podrá soportar un mayor sufrimiento.

El problema para los políticos como Monti y el español Mariano Rajoy es que las medidas de austeridad impuestas para reducir la deuda por presión de los líderes de la eurozona podrían profundizar la recesión y crear la necesidad de realizar recortes aún más severos.

«Hay una especie de aceptación resignada, pero ésta no es una posición de equilibrio estable. La gente se harta de que la hagan sentir culpable por su horrible situación», afirmó el profesor Erik Jones, de la Universidad Johns Hopkins de Bolonia.

«Una vez que eso ocurra, vamos a ver no sólo una rápida rotación de Gobiernos que tengan que ir a las urnas, sino también

un aumento en el nivel general de inquietud que se expresará en forma de huelgas

y otras formas de desobediencia civil», agregó.

Muchos españoles parecen resignados al feroz apriete de cinturón de Rajoy, cuyo Gobierno conservador fue elegido por una mayoría abrumadora en noviembre con el pleno conocimiento de que planeaba aplicar austeridad.

Una reciente encuesta mostró que la mitad de los adultos españoles aceptaría recortes en la asistencia pública de salud y los servicios de educación si eso es lo que se necesita para que la economía vuelva a la pista.

Los sindicatos representan sólo una quinta parte de los trabajadores y muchas personas cruzaron los piquetes de huelguistas el jueves por temor a perder sus puestos de trabajo.

Sin embargo, la huelga tuvo un impacto mucho más grande que un paro anterior hace 18 meses, en una señal de que la paciencia puede estar desgastándose en el país con el mayor índice de desempleo de la Unión Europea.

Rajoy también sufrió un revés inesperado en una elección regional en Andalucía el 25 de marzo, otra señal de que su margen de maniobra no es tan grande como se pensaba anteriormente.

En Italia, el excomisario europeo Monti se ha ganado los aplausos de Europa, Estados Unidos y otros países por su experiencia económica y por actuar con rapidez para frenar la crisis de deuda. Pero también se puso en problemas por una reforma laboral que está en el centro de su programa para retomar el crecimiento de una economía con estancamiento crónico.

Los sindicatos están planeando protestas y una huelga general, sus índices de aprobación han caído y se ha envuelto en una caótica polémica con los partidos políticos de los que depende la aprobación de las leyes.

Los políticos también podrían ser castigados en Grecia, donde se espera una elección general el 6 de mayo, después de que el país se vio obligado a tragarse recortes aún mayores en pensiones, salarios y servicios a cambio de un segundo rescate internacional.

Aparte de una violenta protesta en febrero, cuando negocios y bancos fueron incendiados, Grecia ha estado relativamente tranquila recientemente en contraste con las manifestaciones casi diarias del verano pasado por decenas de miles de personas en las afueras del Parlamento.

Los portugueses han sido los más resignados al sufrimiento por la austeridad tras un rescate internacional. Una huelga general de protesta el 22 de marzo tuvo poco impacto.

«Este tipo de huelgas no ayudan a nadie, no son la solución. Sólo el trabajo nos sacará de este agujero», dijo la diseñadora Filipa Almeida en Lisboa.

Sin embargo, Antonio Costa Pinto, profesor de Investigación en el Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, dijo que el estado de ánimo de resignación no va a durar para siempre.

«El descontento está allí, así que si no hay señales de recuperación, si la desaceleración europea impide que la economía portuguesa comience a recuperarse hacia fines de año, será difícil que la aceptación se mantenga, especialmente si son necesarias más medidas de austeridad», sostuvo.

Agencia Reuters

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