Con la publicación del Índice de Precios Nacional el 12 de julio pasado, el INDEC parece encaminarse definitivamente a su normalización. Hace diez años las cifras del Instituto comenzaban a ser escandalosamente manipuladas, al mejor estilo de la Unión Soviética en tiempos de Stalin. Antes de la destrucción del INDEC se publicaban datos de precios individuales de productos que se utilizaban para el cálculo del índice de Precios al Consumidor. El análisis de esos datos (hasta diciembre de 2006) muestra una notoria coherencia estadística: sus variaciones anuales se distribuyen de acuerdo a la "afamada" fórmula de Gauss, también conocida como distribución Normal. Las variaciones de precios observadas y publicadas por el INDEC (gráfico 1) coinciden casi exactamente con la distribución teórica: vemos que la mayoría de las variaciones de precios se encuentran alrededor del promedio y hay cada vez menos en los extremos, tomando la típica forma de campana. Esto indica que la muestra estuvo realmente tomada al azar, es decir sin manipulaciones.
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Si hacemos el mismo cálculo para los primeros catorce meses de la intervención obtenemos un resultado sorprendente (Gráfico 2). La muestra de precios del INDEC había perdido su carácter normal, ya no respondía a la distribución de Gauss sino a la del jefe que indicaba cuáles datos debían incluirse.
Vemos que la campana de Gauss no coincide en absoluto con los datos observados. Esto se detecta en el pico de datos a la izquierda del "centro" del gráfico. Sin duda corresponde a variaciones por debajo del promedio, en la mayoría de los meses un conjunto de datos de precios "controlados".
No es posible estudiar este fenómeno de desnormalización con posterioridad a marzo de 2008, ya que los datos eran tan ridículos que dejaron de publicarse.
Hasta aquí parece sólo una anécdota curiosa, 'la distribución de Gauss también fue alcanzada por el relato'. No obstante, sus consecuencias resultaron nefastas. Estas mediciones con un conjunto de datos en cero, permanentemente por debajo del promedio distorsionaban la medición del Índice de Precios, a tal punto que la diferencia acumulada desde enero de 2006 a diciembre de 2015 puede superar el 200%. Esto afectó los bonos que ajustan por CER implicando un perjuicio para sus tenedores, y a su vez sobrevaluó la medición del PBI real en los sectores que utilizan este índice (como el sector financiero, por ejemplo), lo que derivó en pagos excesivos de los famosos Bonos Cupón PBI. A nivel agregado, al menos parcialmente, las pérdidas y ganancias se compensan para el fisco. Lo que nunca podremos admitir es que dos fraudes se compensen, dado que uno fue en contra de los acreedores (el del CER) y otro fue en contra del propio Estado (el de los Bonos Cupón PBI).
Los costos de reputación resultan más difíciles de mensurar, pero son permanentes.
Como en el mito de la antigüedad helénica, tenemos que volver a construir lo que ya teníamos. Han podido burlarse de nuestras propias leyes, pero no de la Ley de los Grandes Números y del Teorema del Límite Central.
Actualmente han vuelto a publicarse los precios individuales de productos considerados en el Índice, y las variaciones responden a la campana de Gauss. La recuperación del INDEC debe ser motivo de celebración: estamos volviendo a la normalidad.
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