Algo tarde, algunos parecen estar tomando conciencia de un punto que alertamos el mes pasado a nuestros lectores: el curioso comportamiento que venía exhibiendo el costo del dinero, no tanto por los niveles en que se movía la tasa, sino por la velocidad de su apreciación (en seis semanas pasó del 1,6% al 2,2%) en un escenario en el cual muchos esperaban que se mantuviera estable o incluso que retrocediese, máxime dado el "estimulo" de las medidas expansivas en Japón. Si bien ayer los treasuries a 10 años quedaron pagando el 2,17% anual, 6 puntos básicos debajo del cierre del martes (máximo desde el 4 de abril del año pasado), es obvio que desde el 2 de mayo la tasa adoptó un sentido diferente al que muchos esperaban (por las hipótesis y sus posibles implicancias, aconsejamos leer nuestro comentario del mes pasado). Es claro que el esperado espaldarazo nipón (para mantener baja la tasa) no sólo no se dio, sino que incluso parece haber actuado en un sentido contrario, al menos desde el 22 de mayo, ya que con el 6,35% que se derrumbó ayer el Nikkei pierde un 20,36% (para la tradición bursátil habría entrado en un "Bear Market" o mercado bajista), mientras la tasa a diez años subió 14 puntos básicos y con el 1,21% que sumó el jueves al cerrar en 15.176,08 puntos, el Dow cede un 0,86%. La frase no es nuestra pero la tomamos: "Durante los últimos cuatro años lo peor que podía hacer un inversor era pensar (o pensar demasiado)". Es posible que lo que estamos viendo estos días marque que llegó el momento de comenzar a "pensar". Con esto no decimos que el mercado alcista de las acciones que lleva cuatro años, el boom de los bonos que tiene casi tres décadas esté llegando fin, sino que tal vez llegó el momento en que los complacientes dejen de sacarla "de arriba".
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