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Un tour por los hitos de la historia porteña
El Cabildo se luce frente al extremo oeste de la Plaza de Mayo, donde comienza la pintoresca Avenida de Mayo.
Los meses de verano muestran una urbe aliviada del ajetreo de todo el año, con miles de porteños emigrados en vacaciones, por lo que la época se presenta perfecta para salir a redescubrir -a pie o en bicicleta- los principales puntos históricos en los barrios de San Nicolás, Montserrat y San Telmo.
la plaza Mayor
El inicio puede ser la que desde 1580 se llamó la Plaza Mayor, y más tarde Plaza de Mayo. El conquistador Juan de Garay eligió instalar en torno de esa plaza los edificios fundamentales: el Fuerte de Buenos Aires, que se transformó más tarde en la Casa de Gobierno y hoy es popularmente conocida como la Casa Rosada por el color que le dio Domingo Faustino Sarmiento mezclando los colores de las insignias de unitarios y federales. Por el sector de las calles Hipólito Yrigoyen y Paseo Colón se ingresa al Museo del Bicentenario, abierto de miércoles a domingo y feriados de 10 a 18. Éste ofrece un panorama histórico desde 1810 hasta hoy en el espacio exacto en el que estuvo el Fuerte de Buenos Aires, a principios del siglo XVIII, y la Aduana Taylor, de los cuales quedan restos de paredes. La visita permite ver también el famoso mural del artista mexicano David Siqueiros.
En el lugar asignado por Garay para la Iglesia Mayor de Santa María de los Buenos Aires se encuentra (esquina de Rivadavia y San Martín) la Catedral Metropolitana, que mantiene la planta proyectada en 1752, y en su interior está el mausoleo que contiene los restos de José de San Martín. A un paso, en Bolívar 65, está el Cabildo, construido en el siglo XVII, sede de la administración colonial del Reino de España, asiento de las autoridades del Virreinato del Río de la Plata y escenario central de la Revolución de Mayo. En el lugar hay un museo, y en el patio un aljibe que perteneció a la casa de Manuel Belgrano.
Para conocer sobre la vida de los porteños desde la época de la colonia es recomendable ir al edificio del siglo XIX del Museo de la Ciudad, en Alsina 412, en cuya planta baja está la farmacia La Estrella, creada por Bernardino Rivadavia, la primera botica de la ciudad, que tenía un salón de tertulias que reunía a políticos. Muy cerca, en Defensa 183, está Los Altos de Elorriaga, con dos patios y un mirador hacia el puerto. Esa casona, en Alsina 463, casa de María Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas, muestra cómo a comienzos del siglo XIX la zona fue elegida por la burguesía porteña. La casa de los Ezcurra fue el escenario de la novela "Amalia", de José Mármol.
arqueología
La Manzana de las Luces, en Perú y Alsina, es un complejo arqueológico de históricos edificios que fue en 1633 un solar de los jesuitas y más tarde, sede de instituciones educativas. Allí hay un centro cultural y se pueden ver galerías subterráneas que conectaban edificios en el siglo XVIII, que fue cuando los jesuitas, como parte de aquel complejo, fundaron en Bolívar al 200 el Colegio de San Ignacio, donde en 1906, por orden de Bartolomé Mitre, se levantó el Colegio Nacional de Buenos Aires. A su lado se encuentra la Iglesia de San Ignacio, la más antigua de la ciudad. A la vuelta, en Alsina 420, se ubica La Puerto Rico, café de tango, conocido por albergar famosas tertulias en el siglo XIX. En la zona hay dos edificios religiosos destacados: la Basílica de San Francisco, en Alsina y Defensa, inaugurada en 1754 por los franciscanos, y la Basílica Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo (Belgrano y Defensa), inaugurada en 1755, cuya torre conserva los impactos de bala de la Segunda Invasión Inglesa. En el atrio se encuentra el Mausoleo del General Belgrano y en el interior, las banderas que arrebató a los ingleses Liniers, cuya casa (Venezuela 469) es la única auténticamente colonial de San Telmo.
A una pocas cuadras, en el Pasaje San Lorenzo, entre Balcarce y Defensa, está la casona del siglo XVIII llamada Galería de los Patios de San Telmo. En el 380 de ese mismo Pasaje San Lorenzo se encuentra uno de los lugares más sorprendentes de la ciudad, la "Casa mínima" o "Casa del esclavo Liberto", con un frente de apenas 2,20 metros y 13 metros de profundidad que los amos destinaban a sus esclavos liberados que continuaban como sirvientes de la familia.
Continuando, en Humberto I al 340 se ubica la Iglesia San Pedro Telmo, que comenzó a construirse en 1734, cuya fachada, restaurada en 1918, es de estilo neocolonial. Erigida en nombre de Nuestra Señora de Belén, en 1813 se transformó en Iglesia de San Pedro González Telmo.
mercados y carretas
La Plaza Dorrego, en Defensa y Humberto I, muy querida por los porteños y los turistas, es centro de atracción todo los domingos de 10 a 18, cuando abre la Feria de Antigüedades. Es la segunda plaza más antigua de la ciudad. En tiempos de la colonia estuvo allí el Mercado de las Carretas de los Altos de San Telmo, que recibía productos del interior del país para ir hacia la Plaza del Mercado, en la actual Plaza de Mayo. Ese lugar fue declarado Monumento Histórico Nacional, porque allí el pueblo se reunió para reafirmar la Declaración de la Independencia de 1816, firmada en la ciudad de Tucumán.
Hay historiadores que dicen que esa firma se realizó en las barrancas naturales que tienen hoy por límites las calles Defensa, Brasil, Martín García y la avenida Paseo Colón, que conforman el Parque Lezama, donde Pedro de Mendoza fundó la ciudad. Fue depósito de esclavos y escenario de una de las batallas de la Primera Invasión Inglesa, emprendida por el general Beresford, y también transformada por el inglés David MacKinley en su quinta, haciendo flamear la bandera inglesa, hecho por el cual se la llamó "la quinta de los ingleses". En 1857 la compró el comerciante salteño José Gregorio Lezama, que amplió la propiedad, donde hoy está el Museo Histórico Nacional, que se puede visitar de miércoles a domingo de 11 a 18. Lezama enriqueció el lugar con árboles y plantas, escalinatas, lagos y glorietas. Después de la muerte de Lezama, su viuda, Ángela Álzaga, vendió el predio a la comuna con la condición de que fuera destinado a un parque público que debía llevar el nombre de su marido. En ese arbolado escenario transcurre gran parte de la novela "Sobre héroes y tumbas", de Ernesto Sabato.


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