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Un viejo proyecto de un Nobel entrará en escena
James Tobin, primer conceptualizador de la tasa, había imaginado un leve gravamen que se aplicaría sólo a las transacciones sobre las monedas y cuyo objetivo doble sería frenar la especulación a corto plazo y financiar la ayuda a los países pobres. Quienes la criticaban subrayaban la imposibilidad de aplicar esa tasa a nivel mundial y las amenazas de éxodo de los capitales que provocaría. El Fondo Monetario se encargó de estudiar el asunto.
Ante la hostilidad de Estados Unidos y de los mercados financieros, el FMI aceptó la idea de una tasa únicamente para las empresas financieras, pero aún no ha sido aplicada.
En abril, el debate fue planteado de nuevo por mil economistas de 53 países que escribieron a los ministros de Finanzas del G-20 para exhortarlos a aplicar esta tasa que podría, según ellos, generar «centenares de miles de millones de dólares» a nivel mundial. En junio pasado, la Comisión Europea propuso, por su lado, la introducción de una tasa para las transacciones financieras destinada a alimentar el futuro presupuesto de la Unión Europea, y eso pese a la oposición previsible del Reino Unido.

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