Esta no es, ni quiere ser, una biografía de Ulises Dumont, aunque forzosamente señale algunos puntales de su vida. Tampoco es un retrato, al menos un retrato acabado. Más bien es una evocación. Los amigos lo evocan. Primero, los amigos de infancia y juventud. Después van apareciendo los del teatro, los del cine, tanto dramaturgos como compañeros de escena. Y compañeras. Y los amigos de los días de pesca. Y al fin sus hijos.
Quien también aparece, pero no se apropia de la palabra, y eso que mantuvo con él una amistad de cuarenta años, es Eduardo Calcagno, el director de este documental. Y también el director que le dio a Ulises los únicos protagónicos de su larga carrera cinematográfica: el mediometraje "Nunca dejes de empujar, Antonio", "Los enemigos", "El censor", "Yepeto".
Fragmentos de esos films, "Te amo", "El mismo amor, la misma lluvia" y otros pocos, surgen asociados con algún momento de las charlas. Roberto Cossa, Carlos Gorostiza, Mauricio Kartun, Mirtha Busnelli, describen sus métodos, sus recursos, el genio y el ingenio. Emilio Disi, compañero en el Conservatorio, lo recuerda siempre enamorado de la más linda, arremetedor aunque perdiera de entrada. "Era muy heterosexual", lo define, y más tarde lo pinta de cuerpo entero, y como hombre entero, con una anécdota que hace saltar las lágrimas de admiración y de risa.
Y ahí están también Mario Ferrer, Aldo Ferretti, Pio Martínez y el Ancho Rubén Peucelle, que lo bancaron de chico o de viejo con el mismo afecto. Y otros y otras más, sin que nadie estorbe ni repita, ni haga elogios demasiado formales, más bien lo contrario, hasta llegar a Enrique, tan parecido en algunas cosas, y a Julia, que piensa que lo entendió de grande, como suele pasar a veces con los hijos. Ni biografía, entonces, ni retrato, sino evocación. Tampoco invocación, aunque alguien derrame unas gotas de vino en su memoria. Vale la pena.
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