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Una misión engorrosa y urgida de mostrar resultados concretos
Según datos oficiales, el hijo menor de Gadafi, Saif al Arab al Gadafi, habría muerto en un ataque aéreo sobre Trípoli, así como tres nietos del dictador.
La alianza sigue ahora una nueva estrategia y ataca con mayor dureza palacios gubernamentales, sedes militares e instalaciones de comunicaciones.
La alianza militar más poderosa del mundo quiere tocar al régimen de Gadafi en la médula espinal y poner fin a la violencia contra la población. Tiene además un segundo objetivo: cortar el acceso a la capital, Trípoli, a las tropas del régimen.
¿Pero pretende también matar a Gadafi con ataques aéreos reforzados contra centros neurálgicos del poder en Libia? La alianza lo niega, asegurando que quiere proteger a la población y sólo atacar objetivos militares.
En algunas capitales, sin embargo, se habla un lenguaje más claro. El senador conservador estadounidense Lindsey Graham llamó recientemente a la alianza militar a ir a Trípoli y «comenzar a bombardear el círculo interno de Gadafi». Según la revista británica The Economist, lo que Graham quería decir es que había que cortar la cabeza de la serpiente: «Ése es el camino más rápido de poner fin a esta cuestión». Y en Londres, el tono contra Gadafi también se endureció.
Lema
Y aunque no se lo diga explícitamente en Bruselas, la OTAN necesita éxitos en la operación en Libia. Los aviones de combate de las tropas internacionales realizaron desde finales de marzo unas 4.400 intervenciones, pero continúa el sufrimiento de la población, por ejemplo, en la disputada ciudad portuaria de Misrata. «Simplemente esto debe parar», es el lema del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen. La OTAN sigue en su línea: continuará las intervenciones hasta que la amenaza para la población libia haya sido disipada.
¿Pero hasta qué punto sigue siendo peligroso Gadafi? ¿Podría devolver el golpe con atentados terroristas? A esa pregunta no hay una respuesta clara, según expertos militares de Bruselas. Lo que sí es seguro es que Rasmussen no quiere permitir una intimidación de los socios de la Alianza Atlántica. Por eso rechazó duramente el fin de semana la amenaza vertida por Gadafi a Italia, que dijo en la televisión libia: «Entre nosotros e Italia hay una guerra abierta». Y los jóvenes libios que quieran llevar la guerra a ese país tendrían todo el derecho, agregó el gobernante del país africano.
Agencia DPA

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