2 de junio 2009 - 00:00

Una “Orquesta típica” que dio lugar a una exposición récord

«Orquesta típica» (1939), el cuadro de Berni adquirido por Bellas Artes en 1996. Hoy está en la filial neuquina del museo.
«Orquesta típica» (1939), el cuadro de Berni adquirido por Bellas Artes en 1996. Hoy está en la filial neuquina del museo.
Hace cuatro décadas, en 1969, invitamos a Antonio Berni a la exhibición «Arte y Cibernética», la primera del país en su materia y también la primera del Centro de Arte y Comunicación, fundado ese año. Recorrió países de Europa y Estados Unidos.

Treinta años antes, Berni ya había pintado uno de sus temas favoritos, la vida popular en los barrios y los pueblos del interior, en «Orquesta típica», 1939 (concluido en 1974-75), luego comprado durante nuestra gestión en el Museo Nacional de Bellas (1994 a 2004), por el entonces Secretario de Cultura, Mario O'Donnell, en 1996.

Al año siguiente presentamos en el Museo la gran retrospectiva, integrada por colecciones privadas y públicas, entre el 8 de Julio y el 3 de agosto, que fue visitada por 360.00 espectadores y constó de 139 obras entre pinturas, grabados, esculturas, tapices, dibujos y tacos, además de una instalación. Un libro de doscientas páginas auspiciado por Laboratorios Elea y Parke Davis, testimonió la muestra en el Museo de Plaza Francia, con visitas récord desde su creación.

La obra multiforme y vasta de Berni, constituye un exponente incuestionable de arte político, el más valioso de la Argentina y uno de los más importantes de América Latina, donde Berni alcanzó la estatura de los maestros. En rigor, es él quien inició el arte político como verdad en Argentina.

El propio Berni señaló: «En mi caso, lo reconozco, pienso que la lectura política de mi obra es fundamental, que no se la puede dejar de lado, y que si se la deja, no puede ser comprendida a fondo; es más, creo que una mera lectura esteticista de mi obra sería una traición».

Aquella retrospectiva incluyó los primeros óleos, entre ellos El galpón pintado por Berni en 1921, cuando sólo contaba con 16 años, y las pinturas surrealistas creadas durante su estadía en Europa, entre 1926 y 1930, cuando frecuentaba a Louis Aragon, Max Jacob, André Breton, Marcel Duchamp, Tristán Tzara, Salvador Dalí, Paul Eluard y Luis Buñuel. A su regreso al país, en 1930, realizó grandes telas de contenido social: «Desocupados», «Manifestación» y «Chacareros», que se expusieron así como también los retratos que en esos años pinta, recreando un estilo quattrocentista que admiró en sus viajes por Italia.

Luego de la realización de grandes obras donde reflejan las migraciones internas que se producen en el país en la década del 50, comenzó a trabajar en el ciclo de Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos personajes que nacieron hacia principios de 1960 y en los que Berni trabajó en numerosos collages contando distintos episodios de sus vidas.

Juanito Laguna, el chico del bajo Flores, fue presentado en sociedad por el artista en 1961. Se trata de un arquetipo de las villas miseria del gran Buenos Aires, que Berni creó recurriendo a materiales no convencionales, de desecho, encontrados en sus recorridos: maderas quemadas, latas, gomas, envases vacíos, telas viejas.

Ramona Montiel, una muchacha del interior que llega a la gran ciudad buscando trabajo: «es un personaje de arrabal, como surgido de una letra de tango; algo así como Milonguita (.). Pasa por los momentos mas duros, pero luego tiene una vida fácil, y pasa de costurera a amante de varios individuos (.)» describía Berni a un periodista en 1963.

Muchos de los grandes collages de las series de estos dos personajes figuraron en aquella retrospectiva: «Retrato de Juanito Laguna», «Juanito Laguna aprende a leer», «El casamiento de Ramona Montiel», «Juanito Laguna jugando con el trompo», Ramona y la adivina», «El sueño de Ramona» y muchos otros.

La serie de los Monstruos, iniciada en 1964, construcciones que encarnan las pesadillas de Ramona, fueron creadas a partir de materiales de desecho y no convencionales (tapitas de gaseosas, monedas, clavos, baldes y bolsas de plástico).

Berni experimentó con la técnica xilográfica creando sus famosos xilo-collages. En 1962 había obtenido el Primer Premio de Grabado y Dibujo en la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia. Se expusieron aquellos primeros xilo-collages y dos tintas de las premiadas. Además, tacos originales y un tapiz de los que Berni organizó en 1966.

Fue el primero en plantear el arte político en la Argentina: «Manifestación» (1934), «Desocupados» (mismo año; rechazado por el jurado del XXV Salón Nacional), «Medianoche en el Mundo» (1936-37). Los títulos bastan para conocer los temas. Hay siempre un dibujo ceñido, elocuente, de trazo resuelto, sin espectacularidades ni ostentaciones; los grupos humanos invaden el lienzo como una suma de individualidades, no como una masa amorfa e impasible; cada personaje, cada rostro, es un estudio singular, hasta que el conjunto obtiene, por la sorprendente combinación de colores, por la disposición de las figuras, por el juego de los planos, por el clima severo, una armonía rotunda.

Se expuso también «La gallina ciega», una obra que remite al universo urbano tan ligado a Juanito y Ramona, el tradicional juego de chicos que el artista rescata de antiguas memorias. Seis «pibes» juegan en primer plano, frente a una calle arbolada a la que escoltan dos típicas casas esquineras de pueblo, una de las cuales ha sido transformada en hotel; hacia la derecha hay una pequeña fábrica, y a la izquierda, una vivienda modesta.

El contraste de los edificios -las casas esquineras ostentan el ornato de sus cornisas y las rejas de sus balcones ante la frialdad de la fábrica y la pobreza de la vivienda- remiten al paso del tiempo y a la decadencia de ciertos barrios y ciertas ciudades.

Pertenece a la séptima y última etapa de la obra de Berni, entre 1971 y 1981, cuando muere, a los 76 años. Si bien en esta etapa continuó aportando a las series de Juanito Laguna y Ramona Montiel, abordó otros temas, especialmente el de la sociedad de consumo que describió con sarcasmo y patetismo. Se trataba de un tema favorito de Berni, la vida de los barrios y los pequeños pueblos, como «Club Atlético Nueva Chicago», 1937 y «Campeones de Barrio», 1954.

Berni es un ícono en la historia del arte argentino. Los museos, los críticos de arte, el gobierno no pueden olvidar las palabras y las obras de sus grandes hombres porque no tenemos muchos. Debemos seguir el ejemplo de brasileños y chilenos. No sólo en lo económico -que no es nuestra investigación-, sino en el desarrollo de nuestra cultura para que no se empobrezca.

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