Esta es una curiosidad, hoy más interesante por su relativo valor histórico que por sus recursos artísticos. Los mismos ya eran usuales en el cine experimental de esa época, pero parece que fueron toda una novedad para el cine español, o al menos así quedó asentado. Lo cierto es que se trata del primer largo de la "movida" madrileña, del ácido retrato de figuras de aquel entonces, y, sobre todo, del involuntario legado del artista plástico Iván Zulueta, nacido Juan, entre otras cosas afichista de los primeros films de Pedro Almodóvar (que aquí dobló en falsete la voz de una actriz secundaria).
Lo que cuenta es un divague de cine dentro del cine. Un director más o menos dentro del negocio recibe el envío de un amigo amateur de alto riesgo, que le transmite una impresión medio rara: el tipo se filma durmiendo, nota que el registro se salta incomprensiblemente unos fotogramas, y, como el asunto se agrava, hace un cálculo loco, deduce que con la desaparición de su imagen él también desaparecerá realmente, etcétera. Entre nosotros, este tipo no ve elefantes volando, pero poco le falta. Su dieta alimenticia no es muy recomendable. Tampoco es muy recomendable (pero sí apetecible) la ex pareja del director. Y el dire es tal para cual.
Algunas anécdotas pueden ilustrar mejor al espectador. Esto se filmó entre amigos que esquilmaron al productor, parte del equipo se mandó mudar porque no le pagaban, Cecilia Roth, entonces jovencita, asumió el coprotagónico reemplazando a una modelo que se negó a desvestirse, y la obra fue consagrada recién tras la muerte de su autor, que pasó sus últimos años en casa de sus padres tratando de recuperarse de las drogas.
"Cuando la estrenamos en 1980 vinieron a pegarnos piñas, nos tiraban piedras. Pero Zulueta murió y para todos ha pasado de puta a santa", recordó Eusebio Poncela durante la retrospectiva que Mar del Plata dedicó a dicho autor en el 2010. Una espectadora aprovechó entonces a preguntar "Lo que le pasa al personaje que usted interpreta, ¿es por la heroína o la esquizofrenia que tiene?". Respuesta inmediata de Poncela: "Ah, señora, yo de esquizofrenia no sé nada".
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