«Crepúsculo» («Twilight», EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: C. Hardwicke. Int.: K. Stewart, R. Pattinson, B. Burke, TVE
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En «Crepúsculo», el vampirismo es sólo una excusa para el romance adolescente. En sí mismo, este detalle no tiene nada de malo. Por otro lado, la falta de rigor con la que se soslayan las normas básicas del vampirismo, tampoco es un defecto específico de esta película, cuyo único pecado en este sentido es haber sido fiel a la novela en la que se basa, es decir la primera entrega de la saga de la escritora Stephanie Meyer. El asunto es que, dado el potencial de la historia, la pelicula es mas tímida que sus personajes. El punto exacto en el que la directora Hardwicke logra morder la historia es el punto intermedio entre lo realista y lo fantástico: una chica común y corriente debe asumir que su compañero de banco de la clase de biología, el chico que le gusta, es un vampiro. La presentación de la novia humana a la familia de lejano parentesco con Nosferatu lleva a una gran escena romántica.
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