11 de mayo 2012 - 00:00

Vibrante contrapunto Pepe Soriano-Brandoni

La convincente actuación de Pepe Soriano en el papel de una anciana dispuesta a vivir con plenitud y la de Luis Brandoni como su convencional hijo hacen de «Conversaciones con mamá» una atractiva propuesta.
La convincente actuación de Pepe Soriano en el papel de una anciana dispuesta a vivir con plenitud y la de Luis Brandoni como su convencional hijo hacen de «Conversaciones con mamá» una atractiva propuesta.
«Conversaciones con mamá» de S.C. Oves. Versión: J. Galcerán. Adap.: F. Castets. Dir.: S. Doria. Int.: P. Soriano y L. Brandoni. Luces: J. Pastorino. Esc.: R. Diviu. Vest.: M. Solá. (Multiteatro).

La convincente actuación de Pepe Soriano, en el rol de una anciana dama dispuesta a vivir con plenitud su último tramo de vida, convierte a esta sencilla pieza de Santiago Carlos Oves en una atractiva propuesta. A lo largo de su carrera, el actor interpretó a un gran número de personajes de la llamada tercera edad, entre ellos, al italianísimo Don Berto (creado por él en un programa de los hermanos Sofovich) y al viejito algo cascarrabias de «Visitando al señor Green», uno de sus últimos éxitos teatrales.

Soriano hoy tiene la misma edad que Margarita, la simpática viuda de 82 años a la que sólo le presta su voz. Todo lo demás (gestos, actitud, respiración, motricidad) fue producto del trabajo y la sensibilidad de este magnífico actor.

La pieza de Santiago Carlos Oves (fue llevada al cine en 2004 con el protagónico de China Zorrilla y Luis Blanco) exhibe en pocas pinceladas el vínculo que una madre generosa y comprensiva mantiene con su único hijo, al que enseñará, algo tardíamente, a ser menos convencional y prejuicioso.

Luis Brandoni humaniza a este hombre aturdido por la pérdida de trabajo y los conflictos matrimoniales y le aporta con su labor una mayor complejidad de sentimientos y reacciones. En la piel de un veterano inmaduro, melancólico y en edad de ser abuelo, Brandoni apuesta al humor y a la capacidad de sorpresa con oportunas dosis de infantilismo. La dupla que arma con Soriano es muy sólida y hace que el encuentro madre-hijo transmita autenticidad, invite a revisar recuerdos y conmueva sin sentimentalismos.

No hay grandes peripecias en este encuentro, sólo dos conflictos puntuales: la venta del departamento del hijo donde habita Margarita -y que su nuera insiste en vender para paliar la falta de ingresos- y el inesperado noviazgo de la anciana con un simpático idealista, carente de recursos y bastante más joven que ella. Este nunca aparece en escena y en verdad se lo extraña (fue el rol de Ulises Dumont en la versión cinematográfica de 2004). No obstante, la pieza tiene encanto dado que su director, Santiago Soria, consiguió explotar al máximo la ductilidad de sus actores.

En suma, un vibrante contrapunto entre el optimismo y la lucidez de una mujer que no ha envejecido en vano y las limitaciones de un hijo al que la crisis le permitió, por fin, abrir la cabeza y otros horizontes.

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