13 de julio 2011 - 00:00

Vimos una llovizna; veremos una tormenta

¿Por qué tardan tanto demócratas y republicanos en llegar a un acuerdo para ampliar el tope de endeudamiento público en Estados Unidos cuando hace ya tiempo que se sabe que el 2 de agosto se arribaría al máximo autorizado de 14,3 billones y la primera potencia del globo entraría en default?

¿Por qué la cumbre de los ministros de Economía de la Unión Europea fracasa una y otra vez en encontrar un solución para enfrentar la crisis financiera de Grecia y todos descuentan ya que no habrá solución a corto plazo a pesar de que el efecto contagio está haciendo la crisis cada vez más grande y ésta ya está pasando a golpear en las puertas de grandes potencias como Italia y España?

¿A los políticos les pasa inadvertido el costo de la incertidumbre sobre la inversión, el empleo y la tranquilidad social? ¿Han enloquecido? No son éstas las razones. La explicación es elemental. No hay solución a la vista. O más precisamente, aún están muy lejos de alcanzarse las condiciones políticas que hagan posible la reconversión integral de la economía mundial que permita una solución.

El ajuste que plantean los republicanos en EE.UU. transformaría al débil crecimiento de la economía norteamericana en recesión abierta y en ese contexto es imposible disminuir el défict fiscal. El ajuste de los republicanos es sólo otro camino para llegar al default.

Y en Europa, si se traslada el costo del default de los países periféricos a los bancos -como quieren Alemania, Holanda, Finlandia y Bélgica- se produce una masiva quiebra bancaria, como asegura el Banco Central Europeo. Pero si siguen financiando los desequilibrios como hasta ahora, la situación fiscal se torna explosiva en todo el continente a corto plazo.

No hay soluciones razonables a mano. Por eso todos prefieren ganar tiempo esperando soluciones mágicas que nunca llegan.

La fantasía de que en los países desarrollados se está viviendo una salida lenta pero efectiva de la crisis iniciada a mediados de 2007 alimentó el optimismo en los mercados durante el año pasado y comienzos de 2011. Pero de hecho hace ya cinco meses que las grandes Bolsas del mundo sufren gigantescas fluctuaciones pero no suben. Lo que muchos llaman una «corrección» parece ser más bien una búsqueda desesperada y frustrante por reanudar un proceso de valorización de activos que los bancos necesitan en forma imprescindible para evitar su quiebra. El endeudamiento público y privado supera los niveles de lo que es posible financiar y ese hecho condena a la incertidumbre y al debilitamiento de la inversión, lo que hace más inviable una solución clásica basada en estímulos fiscales y monetarios por un lado y ajustes por el otro.

El cuadro de situación de la Europa periférica no es muy distinto del de los estados «periféricos» de EE.UU. Desde el 1 de julio, el estado de Minnesota ha dejado prácticamente de funcionar. Sus parques naturales están cerrados, muchas de sus oficinas están en servicios mínimos y 22.000 funcionarios están en paro técnico.

Los déficit de los estados superan los 100.000 millones anuales y fueron financiados hasta ahora con la ayuda del Gobierno federal, pero esa ayuda desaparecería con los ajustes fiscales que exigen los republicanos para elevar el límite de deuda. California Illinois, Nueva Jersey, Texas y Nueva York completan la lista de los cinco más deficitarios. Decenas de miles de empleados públicos han sido despedidos el año pasado y serán despedidos en este año. Medicaid puede tornarse imposible de financiar en buena parte del país, lo que dejaría sin servicios de salud a muchos millones de pobres.

Mientras tanto, la Unión Europea vuelve a fracasar en diseñar los planes de salvataje de Grecia y Portugal por la magnitud del esfuerzo financiero de los Estados y la dificultad para trasladar parte de ese esfuerzo a la banca. Pero el «efecto dominó» avanza y obviamente le sería imposible encarar un salvataje a España que requeriría por lo menos el doble de lo que se estudia para los otros dos países sumados. La deuda pública italiana es el triple de la española y el país lleva una década sin crecer. Italia, con una deuda del 120% del PBI cuyo servicio crece a medida que hay mayor conciencia del riesgo generando un explosivo círculo vicioso también se encuentra en un callejón sin salida.

El Dow Jones está todavía bastante lejos de los 14.000 puntos que alcanzó en el segundo semestre de 2007, mientras el oro ha subido en esta etapa de poco más de 500 dólares la onza a superar holgadamente los 1.500 dólares. En los últimos cinco meses de estancamiento en las Bolsas el oro subió más del 10%. Más allá de las tendencias especulativas, el alza del metal precioso refleja la desvalorización de las monedas y el ciclo de las Bolsas la desvalorización de los activos productivos.

Por supuesto que siempre que llovió paró. Pero no hay que fantasear. Frente a las tormentas que se avecinan sólo hemos visto una llovizna.

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