10 de mayo 2011 - 00:00

“Vivir a solas deforma y puede llevar a la muerte”

Blum en su caracterización de la anciana que mantiene secuestrado al adolescente que intentó robarle en la calle en la adaptación de «Más liviano que el aire».
Blum en su caracterización de la anciana que mantiene secuestrado al adolescente que intentó robarle en la calle en la adaptación de «Más liviano que el aire».
«Acepté la obra porque había un material que lo ameritaba, pero la realidad es que no tenía muchas ganas de hacer teatro, no porque esté cansada, sino porque estoy ocupada, y además hace tantos años que hago teatro... Mi hijo se crió conmigo en un escenario y ahora quiero disfrutar de mi nieto todo el tiempo que pueda», expresa Betiana Blum, quien acaso por azar discurre sobre su vida real y sobre la ficción anclada en un tema clave: el amor de madre (o su ausencia).

Blum protagoniza «Más liviano que el aire» de Federico Jeanmaire, con dirección y adaptación de Gabriela Izcovich en el Tsu Regina, donde encarna a una anciana de 93 años que mantiene encerrado en el baño de su casa a un adolescente que la abordó en la calle para robarle. Insiste en contarle la historia de su madre bajo la promesa de liberarlo en cuanto termine el relato.

Una vez más, Blum está nominada al Martin Fierro por su actuación en «Para vestir santos», donde hacía apariciones esporádicas como la madre de las hermanas San Juan. Tanto en aquella serie de TV como en la obra el tema es la falta de amor de madre. Actualmente interpreta en Canal 13 a Delicia en «Herederos de una venganza», donde encarna a otra madre, pero de buen corazón.

Periodista: El tema de la obra esconde un subtema, primero aflora la inseguridad, luego la relación de esta mujer con su madre, ¿como se aborda cada uno?

Betiana Blum:
El tema de la inseguridad es muy menor, es un disparador, porque este chico quiere asaltar a la mujer, ella lo engaña y lo encierra en el baño. Ella lo quiere educar, además hace años que no habla con nadie, por la historia que arrastra. Esta mujer representa el siglo; en un momento dice «La mujer era poco mas que un animal doméstico, antipático pero necesario, una bella nada».

P.: ¿Cuál es entonces el tema esencial?

B.B.:
Que si las personas se crian y viven sin amor ni contención se deforman. El ser humano fue creado para vivir en comunidad, a menos que sea un monje que se va a meditar por elección, pero las personas solas se deforman y algunas hasta se mueren. Pero por profundo y fuerte que suene, la obra tiene mucho humor y la gente se divierte, aunque también reflexiona. Además, este chico de una villa y esta mujer de clase alta, de repente coinciden en varios puntos. Es un texto muy hondo, muy particular, se llama en realidad «Más liviano que el aire es el deseo de una mujer».

P.: ¿Cómo fue el trabajo para la caracterización del rostro, el cuerpo y hasta de la voz para encarnar a una anciana?

B.B.:
No quise forzar ni imponer algo, estuvimos buscando con la directora cuáles serían las cosas que pasan cuando una persona se va poniendo cada vez mas sedentaria, se mueve menos y el resultado es que sus movimientos se limitan, su cuerpo se debilita, eso fue lo que trabajamos. Van apareciendo formas de hablar y detalles, como el sí mágico de Stanislavsky (un acto de voluntad por parte del actor que consiste en aceptar las circunstancias dadas de su personaje). Entonces los rasgos que provienen del texto los acepto y los vivo como si fueran reales. Así trabajo yo.

P.: ¿Con qué otros rasgos del personaje tuvo que «jugar» al «como si»?

B.B.:
Con la clase social del personaje, perteneciente a la alta sociedad porteña y que en el presente ha quedado al margen.

P.: ¿Cómo es la experiencia de trabajo con la directora Gabriela Izcovich?

B.B.:
Acepté porque apareció este material, distinto y cuando la conocí me resultó muy inteligente, segura. Es una directora a la que le podes hacer propuestas y no se asusta ni se pone nerviosa, como otros que piensan para sí «ahora con qué me viene este actor». Ella tenía todo resuelto pero sin embargo siempre estuvo bien abierta a mis sugerencias, todo lo fuimos probando y trabajamos muy bien. Yo le planteé que sería bueno que el otro personaje, el del ladrón, estuviera presente, a diferencia de lo que ocurre en la novela. Lo probamos y quedó muy bien, el actor Juan Francisco Barberini está muy bien, además prefiero la interacción al unipersonal.

P.: ¿Cómo combina el teatro con las largas jornadas de grabación de la TV?

B.B.:
Intento organizarme. Para lo que es mi ritmo de trabajo, el año pasado con mi participación en «Para vestir santos» fue prácticamente un año sabático. Lo disfruté mucho, pude viajar, descansar, hacer cosas que me gustan, y ahora mi nieto.

P.: ¿Qué maldad había volcado la madre que usted interpretaba en «Para vestir santos» para que las hijas quedaran tan oprimidas y desamparadas?

B.B.:
Es el mismo tema de la obra, la falta de amor. Esa madre en un video que las chicas encuentran les decía que la vida había pasado muy rápido y que ella no había podido cumplir sus sueños, que no estuvo con el hombre que amó, que no recibió afecto de sus padres y por eso ella no sabía como darlo. Ese video era desgarrador. Es muy difícil dar lo que no se recibió. Me recuerda a un canillita que recibió un premio porque había comenzado pidiendo limosna y descalzo, mientras ahora, enriquecido, donaba comida a comedores. Creo que esa es la excepción, en cambio, los chicos que roban, mal alimentados, a veces violados, que viven de una manera que la vida no tiene sentido, sin amor, es difícil que puedan hacer otra cosa con sus vidas. No se puede dar algo que no se conoce.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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