24 de marzo 2009 - 00:00

Ya se prueban el traje de Michetti

Todo estaba puntillosamente hilvanado hasta en detalles, pero Cristina de Kirchner desarmó el bordado que el macrismo había labrado con la candidatura de Gabriela Michetti a legisladora porteña. Con la posibilidad del adelantamiento de las elecciones nacionales -para que se realicen el mismo día que fijó Mauricio Macri para las locales, 28 de junio- el jefe porteño busca cambiar la boleta. Regresaría a su plan original de postular a Michetti como diputada nacional y desarma así la estrategia de los aliados de la vice y la pelea de quienes buscan ser herederos. Ese proyecto contemplaba que Michetti, una vez consagrada ganadora de la votación local (que se realizaría separada de la nacional) fuera ungida vicepresidenta primera de la Legislatura porteña, el máximo cargo al que puede aspirar un diputado de la Ciudad de Buenos Aires, ya que -a diferencia del Congreso- es el encargado de todo el gerenciamiento de la casa.
Con la posibilidad de que Michetti sea la primera candidata a diputada nacional, ya comenzaron en PRO los avatares propios de una interna por la sucesión de ese puesto que dejará en diciembre Diego Santilli, quien actualmente conduce la Legislatura y ya no puede renovar la banca (en la Capital Federal sólo se repite un mandato). La primera puja es por ver cuál sector del macrismo retiene el interesante puesto donde se administran leyes y cerca de $ 200 millones anuales.
Si Macri se guiara por el reparto que llevó a cabo cuando asumió la gestión, es el peronismo PRO el que aspira a suceder a Santilli. También la vice podría imponer condiciones en la boleta y proponer a un legislador más cercano a ella para el puesto, que luego debe contar con acuerdo legislativo. Pero, para abroquelar a la oposición tras un candidato, el primer requisito que se suele exigir es ganar en primer término la elección. Michetti ha dicho que debería ser Horacio Rodríguez Larreta el primer candidato a legislador, pero lo entendieron, en su momento, como un desafío cuando se la presionaba para que aceptara elecciones conjuntas y se presentase a diputada nacional, una discusión que regresó con el anuncio de Cristina de Kirchner de unificar las urnas con el adelantamiento.
En ese momento, además, uno de los argumentos de los michettistas para defender los comicios locales separados de los nacionales era precisamente la sucesión en la conducción de la Legislatura. Es que creen que en votación conjunta el macrismo no obtendría tanta cantidad de votos como para renovar más de las once bancas que pierde este año y que de ese modo seguiría sin quórum propio a riesgo de repetir la experiencia de Aníbal Ibarra. Ese ex jefe porteño, en 2003, su segundo mandato, perdió la conducción de la Legislatura, que ejerció el peronista-macrista y actual auditor porteño Santiago de Estrada hasta diciembre de 2007 cuando venció su mandato.

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