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Zelaya, más escéptico, pero no rompe el diálogo
Manuel Zelaya posa junto a su suegra, su madre y su nieta dentro de su refugio en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa. La crisis hondureña sigue en una impasse.
«El diálogo no se ha suspendido, aunque yo no creo en los golpistas, porque no se quieren ir del poder», dijo Zelaya telefónicamente desde la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde permanece desde el 21 de setiembre pasado.
John Biehl, asesor del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) para Honduras, dijo a periodistas que «mientras no se muera el diálogo hay esperanza».
«Las comisiones van a trabajar intensamente en tratar de consensuar este punto», la restitución de Zelaya, subrayó Biehl.
Según Zelaya, los golpistas «darían todo lo que tienen por quedarse en el poder, porque ellos obedecen a una argolla económica que asfixia a Honduras desde los años 90».
El diálogo entró en un receso el pasado viernes, cuando la comisión de Zelaya rechazó la propuesta de la representación de Micheletti de que la restitución del gobernante depuesto la defina la Corte Suprema de Justicia.
Los representantes de Zelaya exigen que sea el Parlamento el que defina pronto la restitución del mandatario derrocado mediante un golpe cívico-militar.
Biehl remarcó que cree en el diálogo porque «no hay otra herramienta».
Zelaya también dijo que los «grupos económicos» que «han impuesto» a Micheletti «han privatizado hoy los poderes del Estado», que «están siendo destruidos».
«Aquí en Honduras no hay separación de poderes, tienen el mismo director en este momento, que es Micheletti», subrayó Zelaya.
Cuando se le preguntó si se ve de nuevo en el poder sin el apoyo del Parlamento, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía, la empresa privada y otros sectores, Zelaya respondió: «Es que eso siempre ocurrió, nunca tuve el apoyo, no me extrañaría gobernar sin respaldo de nadie, pero eso no es lo importante».
«Regresar al poder puede ser algo simbólico, pero lo que no se debe permitir es que haya golpes de Estado en ningún país», acotó.
Según Zelaya, Micheletti está «haciendo ver mal a la OEA, las Naciones Unidas y la Unión Europea, al negarse a entregar el poder al presidente legítimo que los hondureños escogieron en 2005». «Hasta el Gobierno de Barack Obama se ve débil ante un aprendiz de dictador del tercer mundo como es Micheletti», expresó Zelaya, de 57 años.
Reiteración
El depuesto mandatario reiteró ayer que el movimiento de resistencia popular surgido tras su derrocamiento para exigir que se lo restituya en el poder «no está buscando armas», como afirmaron recientemente los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Venezuela, Hugo Chávez.
En tanto, una misión de la ONU llegó ayer a Tegucigalpa para evaluar las violaciones a los derechos humanos producidas tras el golpe de Estado.
En ese sentido, se conoció ayer la muerte del sindicalista Jairo Sánchez, la cuarta víctima de la represión con la que el Gobierno de facto intentó frenar a los manifestantes prodemocráticos. Sánchez había sido herido de bala en setiembre en una manifestación a favor de la restitución de Zelaya y murió el sábado.
Agencias EFE y AFP

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