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Zubin Mehta, un líder brillante
El reencuentro con la Orquesta Filarmónica de Israel y su director Zubin Mehta tuvo la calidez y la emoción que se experimenta al volver a ver a viejos amigos. Después de cuatro años de su última visita, el organismo israelí volvió a asombrar a los oyentes con la perfección que emerge de cada una de las secciones de la orquesta, desde las impecables cuerdas a los instrumentos aerófonos (metales y maderas) y la afinada percusión.
Zubin Mehta sigue demostrando que es una de las batutas más lúcidas y brillantes de la actualidad, que en conjunción con los miembros del organismo sinfónico israelí, entrega versiones de gran rigor estilístico, de notable fuerza expresiva y de exultante sonoridad.
Mehta demostró su noble temperamento en dos partes muy equilibradas. La primera dos poemas sinfónicos de Richard Strauss («Don Juan», Op. 20 y «Till Eulenspiegel», Op. 28) que sirvieron para exaltar el trabajo individual de muchos instrumentos solistas de la orquesta y dar una acabada muestra de totalidad expresiva de cada uno de ellos.
Si bien volvió a quedar claro que el Teatro Colón es el ámbito más propicio para la sonoridad tan pristina como la de la Filarmónica de Israel y que el Teatro Gran Rex no es lo mejor en rango acústico, también fue posible comprobar a ciencia cierta que hay cornos que no desafinan nunca y que existen maderas de una musicalidad absoluta. Para orgullo argentino, el magnífico clarinetista Mariano Rey, de la Filarmónica de Buenos Aires, ocupó con honores merecidos un rol solista en la orquesta de Mehta.
La segunda parte dedicada a la Séptima Sinfonía, en La Mayor, Op. 92, de Beethoven, elevó el ajuste impecable, los cortes justos, la dinámica adecuada, el color radiante y la constante musicalidad de certero signo beethoveniano a su máxima expresión.
Los aplausos entusiastas e insistentes provocaron el agregado de una joya: la obertura de «Las bodas de Fígaro», de Mozart y de una polka rápida de Johann Strauss que cerraron de manera contundente una noche feliz de reencuentro con un conductor que no necesita partituras y que con un solo gesto impone a sus excelentes músicos la autoridad de un líder.

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