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23 de septiembre 2026 - 11:24

La lección del apagón: cuando todo se apaga, el efectivo sigue encendido

La situación vivida en Buenos Aires no fue excepcional. En distintas partes del mundo, cortes de energía, ciberataques o caídas masivas de sistemas han demostrado que la resiliencia de una sociedad no depende únicamente de su capacidad de digitalizarse, sino también de mantener alternativas capaces de funcionar cuando la tecnología falla.

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El apagón del AMBA dejó una enseñanza que trasciende el debate energético.

El masivo apagón que dejó a oscuras a gran parte del Área Metropolitana de Buenos Aires este fin de semana fue mucho más que una falla eléctrica. Fue una radiografía instantánea de nuestra dependencia tecnológica. Cerca de 600.000 usuarios se quedaron sin luz, miles de semáforos dejaron de funcionar y buena parte de la actividad cotidiana quedó alterada durante horas. De repente, algo tan básico como comprar agua, cargar combustible o resolver una necesidad urgente volvió a depender de una herramienta que muchos dan por descontada: el efectivo.

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En tiempos donde la conversación pública suele girar alrededor de la digitalización y las nuevas formas de pago, existe una tendencia a asumir que el efectivo pertenece al pasado. Sin embargo, basta un evento como el ocurrido en el AMBA para recordar que la infraestructura digital, por más avanzada que sea, también tiene vulnerabilidades. Porque cuando no hay energía, tampoco hay conectividad. Y cuando no hay conectividad, las billeteras virtuales, los posnets y las transferencias dejan de ser una solución inmediata.

La situación vivida en Buenos Aires no fue excepcional. En distintas partes del mundo, cortes de energía, ciberataques o caídas masivas de sistemas han demostrado que la resiliencia de una sociedad no depende únicamente de su capacidad de digitalizarse, sino también de mantener alternativas capaces de funcionar cuando la tecnología falla.

Por eso el efectivo no es un símbolo de resistencia al progreso. Es una pieza esencial de la infraestructura económica. Es el único medio de pago completamente autónomo, que no necesita batería, señal ni una red operativa para cumplir su función.

Según el Global Payments Report de McKinsey, en contextos de incertidumbre o interrupciones de infraestructura, la demanda de efectivo suele incrementarse entre un 8% y un 15%. No ocurre por nostalgia ni por costumbre. Ocurre porque cuando las personas perciben fragilidad en los sistemas, buscan certeza. Y el efectivo ofrece precisamente eso.

En Argentina, esta realidad tiene todavía más fuerza. Somos una sociedad que convive con desafíos económicos, tecnológicos y de infraestructura de diversa naturaleza. Por eso resulta llamativo que, cada vez que ocurre un episodio como el apagón del sábado, volvamos a sorprendernos de la importancia de contar con dinero físico.

La evidencia es contundente. El último Informe de Pagos Minoristas del Banco Central mostró que solo en diciembre de 2025 se realizaron más de 55,5 millones de extracciones de efectivo a través de cajeros automáticos en todo el país, movilizando 5,3 billones de pesos. Son cifras que demuestran que la coexistencia es lo que el usuario necesita.

Además, el efectivo sigue siendo un factor clave de inclusión financiera. No todos los ciudadanos tienen acceso permanente a herramientas digitales, ni todos los comercios cuentan con la misma infraestructura tecnológica. La verdadera democratización financiera no consiste en obligar a elegir entre un sistema y otro, sino en garantizar que cada persona pueda utilizar el medio de pago que necesita, especialmente cuando las circunstancias son adversas.

El apagón del AMBA dejó una enseñanza que trasciende el debate energético. Nos recordó que las sociedades modernas necesitan redundancia. Necesitan planes alternativos. Necesitan sistemas que no colapsen al mismo tiempo.

Porque la discusión ya no debería ser efectivo versus digital. El desafío es construir un ecosistema de pagos robusto, donde la innovación avance sin eliminar las herramientas que garantizan continuidad cuando la innovación se detiene.

Este fin de semana, mientras buena parte de la ciudad quedó a oscuras por una falla que se originó en una subestación eléctrica y afectó a cientos de miles de usuarios, volvió a quedar claro algo que suele pasar inadvertido hasta que se lo necesita. El efectivo no hace ruido, no genera titulares y rara vez protagoniza los debates sobre el futuro.

Pero cuando todo lo demás se interrumpe, es el primero en responder.

Y quizás esa sea su mayor fortaleza: ser el aliado silencioso que sigue funcionando incluso cuando todo lo demás deja de hacerlo.

Director General LATAM Atlántico en Prosegur Cash

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