El intendente Blas Altieri entrega a Mirtha Legrand el Pino de Oro a la
trayectoria, en la segunda edición del festival Pantalla Pinamar.
Pinamar - «Saludando su impar vigencia como gran estrella cinematográfica, su permanente renovación y sus nobilísimos mensajes actuales interpretando el sentir de la sociedad argentina». Así dice, en unión de pasado y presente, pantalla grande y chica, la plaqueta que el festival cinematográfico de Pinamar le entregó la noche del sábado a Mirtha Legrand, junto al Pino de Oro, distinción máxima de dicho encuentro.
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Ampliando un poco el concepto, ya Carlos Morelli, director artístico del encuentro, la había anunciado como «cálida actriz, suprema diva y bellísima máscara, que un día se sentó a preguntar en nombre de todos, porque entiende e interpreta el sentimiento de todos». Y ampliando el simbolismo, quien le entregó la distinción fue Jorge Alvarez, en lo que constituye su primer acto público como nuevo conductor del Incaa. Vale decir, un modo de unir pasado y presente, criterios, pantallas, públicos diversos, y hasta continentes, ya que como un bonus se pasó tambiénel acto final de una películaespañola en colores, protagonizada por la estrella, hace ya un buen tiempo.
Toda de crema y tacos altos, la agasajada hizo los agradecimientos y dedicatorias habituales, felicitó al intendente Blas Altieri («¡Yaes su cuarto mandato! Los votantes lo deben adorar»), bromeó con su edad («¿Van a dar 'Doña Francisquita'? La gente va a sacar cuentas»), recalcó su orgullo por el cine argentino actual y de la época de oro, y, ante el auditorio honradamente emocionado, se despidió con su extraña y sentida frase de siempre: «quiero que sepan que yo, Mirtha Legrand, les he dado mi vida».
Debe ser cierto. Al momento de cierre de esta página es Mirtha, figura pública, quien está entregando una distinción al maestro José Antonio Martínez Suárez, hermano mayor de María Rosa (y de Silvia, que siempre prefiere quedarse en casa). Otro detalle: de veras sigue caminando muy elegantemente de tacos altos, como corresponde a una estrella (y no hay por acá ninguna otra, con diez años menos, que pueda hacer lo mismo).
Del resto, el festival ha comenzado bien. Mucho público, aunque ya sin el entusiasmo de la primera vez, cuando todo era absoluta novedad, y muchísimas películas, quizá demasiadas, intentando competir con el mucho sol. La inaugural fue «Tapas», comedia agridulce de lindos personajes, con una actuación muy suelta de Alberto de Mendoza, gratos cameos de Cecilia Rosetto y Eduardo Blanco, y toda una novedad en materia de coproducciones.
Lo habitual en dicha materia es que las películas se rueden acá y luego se haga parte de la postproducción en Europa. Pero ésta se rodó en L'Hospitalet, y después se trajo el negativo y se hizo absolutamente todo acá, en auténtica demostración de la capacidad de nuestros técnicos y laboratorios para potenciar cualquier trabajo. Los productores locales Mónica Roza y Carlos Piwowarski hicieronsociedad con la española Luisa Matienzo, que los acompañó en «Conversaciones con mamá», y les pidió luego su ayuda para «Tapas». «En España no conseguía socios. Recurrió a la Argentina y México (que aportó el director de fotografía) y terminó haciendo casi un millón de espectadores. Fue la película del verano, y ya se vendió en 20 países, igual que ' Conversaciones...', que la vendimos hasta en la China, literalmente hablando»., dijo Roza.
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