3 de septiembre 2007 - 00:00

Abstracciones de Silvana Lacarra

Si el arte ayuda a descubrir aspectos de la realidad que no son perceptibles a simple vista, si además invita a explorar el sentido de las cosas, con esta intención, Silvana Lacarra ha dado una vuelta de tuerca al rigor abstracto de las formas minimalistas que desde hace años viene realizando, para sacar las cosas del mundo ordinario y mostrarlas exaltadas, con sus cualidades extraordinarias.

La exposición «Sobremesa», que en estos días presentaen la galería Dabbah Torrejón, trata sobre un objeto simple, la mesa, que le sirve a la artista para poner en evidencia la complejidad del arte. Lacarra ha decidido desnudar, despertar y encender el universo inanimado de las cosas a través de un objeto por demás sencillo como la mesa, que resulta el desencadenante de una interminable cadena de asociaciones, evocaciones y sensaciones. Así, con la intención de que las cosas cobren vida y le hablen al espectador, abandona la abstracción presuntamente «pura» y cambia de modo radical su repertorio de diseño.

Lo primero que se advierteen la serie de mesas dispuestas en la sala, es una flamante y atrevida expresividad que se manifiesta a través del color, las formas sueltas de los dibujos y algunas visibles irregularidades en la construcción de estos diseños. Hay mesas que se tambalean, mesas perforadas, volcadas y labradas, algunas con imágenes geométricas y otras onduladas y sensuales, que han perdido el hieratismo de la cosa inanimada.

Al sentido que tiene la mesa en la vida del hombre, mueble esencial en el escenario de las relaciones humanas, se suma el significado que le atribuye la artista. Para seguir el rumbo de sus ideas resultan orientadores algunos títulos, como «Mi sistema nervioso», obra que sustenta un charco sobre la tabla, como si un tacho de pintura rosa se hubiera derramado. «Son mesas que apenas soportan su propia superficie, que tiemblan al tocarlas -como en «De esta muerte no se muere». Parecen materializar la fragilidad de los sujetos que por ellas pasan y siguen. De tanto escuchar, se fragilizan, se humanizan, adquieren comportamientos humanos,» afirma con convicción en el texto del catálogo, la curadora de la muestra, Victoria Noorthoorn.

Lacarra explica que en «Sobremesa» pudo ingresar en un universo narrativo, y dar rienda suelta a sus pulsiones. «Tomo a la mesa como sujeto. Y decido que este objeto condensará la experiencia que tuvo. Cada una de estas mesas nace a partir de una experiencia, cada una registra un acontecer, un encuentro entre dos o más personas. Son la consecuencia, la síntesis de esa experiencia».

Sobre ese material difícil que es la formica, al que se mantiene fiel desde hace años, y al que logra dotar de apariencias ajenas a su naturaleza, como la pintura, Laccara observa: «La fuerza de esta relación es obsesiva y corporal. El material se somete, sirve calladamente a mi idea. Resiste pasivamente la presión que ejerzo sobre él, se deja habitar, pero tiene una vitalidad que se expresa en su peso, grosor y potencia». Como un escultor renacentista empecinado en doblegar el mármol, agrega: «Mi meta es indagar los extremos feroces que todos tenemos, mostrar la propia brutalidad, intervenir en mi universo emotivo y el del espectador, de ahí surge este trabajo sensible con la fórmica».

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