Admirable film sobre el dilema real de un cura ante el nazismo

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«El noveno día» («Der Neunte Tag», Alemania, habl. en alemán); Dir.: V. Schlöndorff. Guión: E. Goerner, A. Flueger; Int.: U. Matthes, A. Diehl, H. Tate, B. Beglan, G. Wagner, J.P. Raths, J. Jirik.

Poco se sabe de los diez días que el padre Bernard pasó entre los suyos, gozando una rara «licencia» fuera del campo de concentración de Dachau, donde estaba prisionero junto a otros curas. Se sabe, sí, que los nazis le dieron la oportunidad de salvarse y salvar a los suyos, para lo cual debía lograr que su obispo «reconociera» públicamente que el régimen nazi era «profundamente cristiano». Qué se dijeron en esos días, qué combinaron entre ellos para soportar semejante prueba, ni aun después de la guerra pudo saberse.

Para no imaginar más de la cuenta, el veterano director Volker Schlöndorff («El tambor») traslada el conflicto a dos personajes de ficción. Pero el nudo es el mismo, y también la solución sigue siendo la misma, y aún hoy tiene vigencia. Allí están, entonces, un cura, los compañeros que deja presos, esperando por él, su familia, su obispo, y también su control de la Gestapo, que resulta ser un ex-compañero del seminario que a último momento cambió de religión. «Como cura no hubiera podido cambiar el mundo», le explica. Ambos tienen una distinta visión del papel de un religioso ante la comunidad. Dignatario de la Iglesia, dice uno. Sirviente de la fe, dice el otro, pero la discusión nunca puede darse de igual a igual.

La Iglesia está entrampada. Hoy es fácil reprochar su actitud «demasiado prudente» en esas épocas. Pero cuando el obispo de Holanda reclamó contra los nazis éstos respondieron mandando 40.000 holandeses a la muerte. Este hecho no lo recuerda en la película un prelado acomodaticio o cobarde, sino justamente el obispo que se niega a conciliar con ellos, pero entiende a quienes sí lo hacen. A la vez, los nazis también están entrampados. No pueden, de buenas a primeras, tratar a sus vecinos arios como si fueran rusos comunistas. Aunque, claro, la paciencia tiene un límite.

Así llega el noveno día. Urge tomar una decisión. Queda bien decir que el cura debe dar testimonio de su fe. ¿Pero podrá física y moralmente sostener ese testimonio? La angustia del pastor por sus ovejas, la fiebre de esos días infernales, se reflejan en el rostro del agónico protagonista. Detalle admirable, quien lo encarna es
Ulrich Matthes, el mismo actor que hizo de Goebbels en «La caída».

Admirable también la puesta en escena que hace Schlöndorff, concentrada, casi un oratorio que crece en intensidad sin que parezca subir una nota el volumen, y que dice algo trascendente sin remarcarlo, como trascendente ha sido la vida de aquellos hombres que inspiran esta historia.

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